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Manuel Juliá: "Mis armas son la literatura, así que con ella lucho contra la injusticia, la falta de solidaridad, el hambre…"

05/12/2020

Todoliteratura.es

Manuel Juliá se siente cercano a don Quijote, él también lucha todos los días contra los molinos de viento. De ahí que haya titulado su último libro de relatos “Que nadie diga que no luchaste contra molinos de viento”, nadie se lo podrá decir. El autor de Puertollano es un escritor total. Periodista en diversos medios de comunicación, tanto audiovisual como prensa, es poeta y autor de diversos libros de relatos y de una novela.

Su libro recientemente publicado contiene nueve relatos, que partiendo de hechos reales denuncia situaciones de injusticia y también hechos extraordinarios protagonizados por personas normales, anónimas. Unas vidas ejemplares que sólo un quijote manchego sería capaz de relatar y llevar a buen término. Personas con unos claros propósitos que, como él mismo dice en su libro: una vida sin ellos es una muerte prematura. Su propósito es dar a conocer esas vidas y lo ha conseguido.

"Que nadie diga que no luchaste contra molinos de viento" es el título de su nuevo libro de relatos”. ¿Contra qué molinos de viento ha luchado usted?

Soy muy Quijote, así que he tenido muchos enfrentamientos contra molinos de viento. Lo que pasa es que mi batalla es literaria, mis armas son la literatura, así que con ella lucho contra la injusticia, la falta de solidaridad, el hambre… lucho sobre todo con mis artículos, que son mi lanza y mi caballo.

¿La poesía es una lucha constante contra esos molinos de viento? ¿y la narrativa?

La poesía es una lucha contra un enemigo desconocido, que también está dentro de nosotros. Intenta crear un puente para cruzar hacia el territorio sin descubrir. Es un puente en la niebla. Escribo la poesía con los ojos cerrados, intentando ver con el sentido más profundo de mí. La narrativa tiene otra batalla distinta, aunque, en mi caso, no sé escribir si no intento escribir poesía, porque la poesía para mí puede estar en todo, más allá de los versos. Narrativa o poesía no es para mí la distinción, quizá versos o narrativa. La poesía la busco siempre.

¿Debemos seguir luchando contra esos molinos de viento?

Hasta que salga el ultimo aliento por nuestros labios. Vivir es luchar, y sin lucha la vida se vuelve vegetal. Claro que hay muchos tipos de batalla. Cada uno tiene las suyas. Sin un propósito la vida adelgaza, se queda en un hilo de ausencia, se vuelve roma.

¿Su libro demuestra que sigue habiendo Quijotes en el siglo XXI?

Claro que los hay, y no están muy lejos de nosotros. No hay que mirar a las estrellas o a Hollywood, están al lado. Gente que lucha contra la injusticia, el destino adverso, una enfermedad, una sombra interior, la autoridad despótica. Gente que ayuda a los demás sin perseguir nada a cambio, votos, dinero, notoriedad…hay muchos, yo escribo de nueve de manera novelada, pero en mi búsqueda de esos personajes he encontrado muchos.

Periodista, poeta, escritor de ficción y de no ficción. ¿en qué género literario se encuentra más a gusto?

No sé responderte con rotundidad. Como decía Gil de Biedma, lo importante es la literatura, que haya literatura. Además, me gusta mucho mezclar los géneros, como John Berger. Es una manera de desclasificar la escritura, aunque reconozco que están muy fijados en el lector y uno corre muchos riesgos si los mezcla. Puede no ser entendido por el destinatario, que para mí no es otro que el lector. Como dice Georges Perec, “los dos verdaderos personajes de la novela son el autor y el lector, y la novela es lo que sucede entre ellos”. La obra literaria resultante es un 50% de cada uno. Se podría pensar que en la poesía no, pues es más intimista, pero creo que incluso es más, pues al ser más subjetiva y de más amplia interpretación al final el lector creo que pone más que el poeta en ese resultado final que es el poema en los ojos del lector.

En fin, disculpa estas digresiones, es que en el fondo no sé responder a tu pregunta.

¿Cuál le da más libertad?

Antes la poesía. Pero me parece una sensación injusta, porque tomarse demasiadas libertades con la poesía no sé si al final merece la pena. Ahora me encuentro muy a gusto con la narrativa, siento la inmensa libertad de crear un mundo aunque escriba de la realidad, con personajes que existen. En el hecho de escribir ya hay siempre ficción, desde mi punto de vista literario. Con todo mi respeto a los notarios el escritor no debe ser un puro notario de la realidad. Tiene que aportar siempre algo de sí mismo, mirar con su cristal, como decía Antonio machado.

El libro está compuesto de nueve relatos que casi son pequeñas novelas cortas. ¿Cómo enfoca usted sus relatos?

Quiero convertir a las personas en personajes, extraer la literatura que hay en sus vidas y trasladar al lector de la forma más literaria posible. Es cierto que son nueve novelas cortas. Alguno de los quijotes me ha dicho que sintió que estaba leyendo de alguien, como si fuera una novela de alguien que no era él, pero que según iban pasando las páginas se iba descubriendo a sí mismo. Los he enfocado penetrando hasta en el último rincón del cerebro de estos personajes, para entenderlos, para que ellos a su vez se entiendan y sepan que es muy grande lo que están haciendo. Me parece que es muy buena lectura para estos tiempos de pandemia, porque el ser humano da lo mejor y lo peor de sí en situaciones extremas, y el libro es reconfortante, ayuda a amar al ser humano.

Sus relatos están escritos en primera persona, algunos de ellos son muy personales. ¿Se encuentra más cómodo escribiendo en primera persona?

En este libro sí, porque sobre todo quería escribir de mi visión de ellos, interior y exterior, y por supuesto quería plasmar mi visión del paisaje, porque considero que el paisaje es una de las cosas más importantes de mi literatura.

Un padre que cruza el océano para rescatar a su hija de una secta, una madre que lucha por la dignidad de su hija con síndrome de Down… ¿Le gusta escribir sobre esos héroes anónimos que pasan desapercibidos para gran parte de la sociedad?

Me lo he pasado muy bien andando por ahí con ellos, hablando, entendiéndolos y queriendo llevar a los demás el hecho de que hay mucha gente que hace grandes logros cotidianos y no somos conscientes, pendientes siempre más de los ruidos que de las voces, como dice Machado. He sido feliz escribiendo este libro.

Sus relatos se basan en la cotidianidad oculta. Asombra la persistencia de Justo, el constructor de la catedral de Mejorada del Campo en Madrid. ¿Es un ejemplo de tesón y fortaleza de ánimo lo que nos da ese humilde constructor?

Sí, hay que rescatar lo cotidiano de su ostracismo, pues los destellos gigantescos de la sociedad del espectáculo en la que vivimos oculta la belleza y grandiosidad y ética de muchos comportamientos anónimos, heroicos, las más de las veces, que solo buscan el bien de los demás, el valor de lo verdadero, diría.

El caso de Justo es de lo más ilustrativo. Un hombre que desde hace 50 años construye una catedral, un agricultor sin conocimientos arquitectónicos que sin embargo ha sido capaz de documentarse para cumplir su sueño.

Nadie creía en él, se reían de él, pero hoy está ahí, reinando sobre Mejorada del Campo, una inmensa catedral distinta a todas las conocidas. Se reían de él, pero el mismo MOMA de Nueva York ha realizado una exposición fotográfica de la catedral, y Aquarius puso de ejemplo para todo el mundo a este anciano que ha logrado el sueño más difícil.

¿Qué es lo que más le ha impresionado de él?

El hecho de que Justo demuestra que para el ser humano hay muy pocas cosas imposibles.

De todos los personajes que trata. ¿Cuál le ha dejado más heridas en el corazón?

María José Jiménez. El relato se llama “La herida que nunca cicatriza”. Representa el dolor de una madre que pierde a su hijo de manera inesperada arrollado por un conductor lleno de coca en una marquesina, en Madrid.

Escribir el dolor de esta madre me ha hecho llorar mientras escribía, porque jamás he visto un lamento tan interminable, profundo y triste. Luego convierte ese dolor en una batalla para cambiar el Código de Circulación, para que quienes conduzcan drogados y maten a alguien no se escapen de la justicia con un máximo de 4 años de cárcel. Es algo que parece muy injusto. Pues ella lucha para que esa muerte tenga otra consideración penal. Si gana su batalla habrá ayudado a futuras víctimas de los conductores drogados.

También llega a tratar los efectos de la pandemia en las grandes ciudades. ¿Cómo le afectó a usted el confinamiento?

La verdad es que, viendo el dolor que ha causado a tanta gente esta pandemia, me da mucho pudor decir que el confinamiento me sirvió para parar, pensar, leer más, escribir más, buscar una paz interior que encontré. Me duele decirlo, pero es así y siento que para mucha gente haya sido, y es, una desgracia terrible.

¿Pudo escribir más o no tuvo la inspiración del campo y de la gente?

Sí, estuve en el campo, no en un lugar tan bucólico como nos cuenta Julio Llamazares en su última novela ·”Primavera extremeña”. Pero sí estuve en las afueras de Ciudad Real, lejos de la pandemia. La ausencia de la mano, y los pies, del ser humano, le vino muy bien al campo. Fue una primavera bellísima desde el punto de vista de la naturaleza.

¿Cuál sería la moraleja de "Que nadie diga que no luchaste contra molinos de viento"?

Muy sencilla. Nos rodean muchas bellas personas. Solo hay que tener ojos para verlas. También hay gente malvada. Y por supuesto también hay que tener ojos para verla.

Después de reflejar esa realidad alternativa, ¿volverá a la intimidad de su poesía?

Sí, estoy terminando un libro de poemas (prosa y verso) que se llama “Madre”.

¿Tiene algún proyecto más?

En cuanto termine “Madre” volveré a la narrativa. Rastrearé adentro y afuera para encontrar una novela que interese a los lectores. Si la encuentro la escribiré.

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Por Javier Velasco Oliaga

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