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Manuel Juliá: De la A a la Z pasando por Puertollano

Entrevista con el polifacético Manuel Juliá Dorado: periodista, escritor y ex político

15/06/2019

Manuel Juliá es una de las voces más autorizadas de Castilla la Mancha. Nació el 16 de octubre de 1954. Su brillante expediente académico cuando cursaba Bachillerato en el IES Fray Andrés le sirvió para ingresar en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Allí curso periodismo, estudios que finalizó en 1978.

Desde su época de estudiante hasta ahora, ha sido un todoterreno a la hora de sacar su pluma o devorar el teclado de su ordenador. Su prosa reflexiva ha sido plasmada en medios prestigiosos como el desaparecido Diario 16, Diario de Caracas, El Diario Vasco, La Comarca de Puertollano, Diario Lanza o La Gaceta de los Negocios, El Mundo o en revistas como Triunfo o Poesía Hispánica.

Además, es autor de varios poemarios como El sueño de la muerte, El sueño del amor y El sueño de la vida (declarado por la Asociación de Editores de Poesía como el mejor libro del año 2015) recogidos y revisados en Trilogía de los sueños, publicados todos en la prestigiosa editorial Hiperión, además de Dioses de fuego y aire, Sobre el volcán la flor o De Umbría.

También debemos añadir narraciones en prosa como Narraciones manchegas o La gloria al rojo vivo. Diario de una proeza, que fue la primera obra publicada sobre la victoria de la selección española en el Mundial de Sudáfrica y vendió más de 50.000 ejemplares.

Su actividad no se ha reducido únicamente al periodismo y a la literatura, ya que fue coordinador de Juventud en el Ayuntamiento de Puertollano, promoviendo la llegada del esplendor de la Movida madrileña a la ciudad industrial.

Su gran labor al servicio del ciudadano le permitió ostentar el cargo de alcalde de su ciudad natal en 1993, pero una crisis interna en el seno del Partido Socialista acabó distanciándole de la política. Aquella esperpéntica situación le impulsó a adentrarse en la gestión de la “Biblioteca de Autores Manchegos” y Fenavin (Feria Nacional del Vino) de la que ha sido director hasta el mes pasado.

Actualmente es jefe de servicio del Área de Promoción Económica de la Diputación Provincial de Ciudad Real mientras realiza su labor periodística como columnista en diarios del Grupo de Comunicación Promecal (de Castilla la Mancha y Castilla y León), dairio deportivo Marca y como colaborador en El Mundo y Mediaset. Recientemente, y gracias a su colaboración con Mediaset, ha tenido la oportunidad de escribir el guion de “España mira a la meca¨una serie de documentales emitidos en Telecinco con un notable éxito..

Sin duda, la trayectoria de Juliá ha sido la de un periodista de raza que atesoraba una gran curiosidad que le ha servido para convertirse en uno de los mayores polifacéticos contemporáneos de Castilla la Mancha. Por lo tanto, ¿qué mejor manera de homenajearlo que haciéndole la siguiente entrevista?

 

Tu buena labor como estudiante te permitió ingresar en la Universidad Complutense de Madrid para estudiar periodismo durante en unos años en los que estudiar una carrera universitaria era un lujo a pesar de ser un paso natural en el devenir del ser humano. ¿Qué y quién te motivo a inclinarte por el periodismo?

Empecé a trabajar en una empresa de construcción con 14 años de Puertollano llamada “Martín, Leiva y Villuendas”, pero pronto continué mis estudios de COU. Tenía en mente dos alternativas dispares que eran medicina y periodismo.

Veía medicina como una disciplina loable para eliminar el dolor del ser humano y me empezó a llamar la atención el periodismo desde que empecé a leer una enciclopedia llamada “UTEHA” que le vendió un vendedor a mi padre, y las obras completas de Bécquer. Cómo me gustaba leer, me metí la enciclopedia entre pecho y espalda, sobre todo la mitología griega que despertó enormemente mi imaginación. Además, ya me habían publicado artículos que mandaba esporádicamente al diario Lanza.

 

En tus años estudiantiles la universidad era un escenario ideal para que naciera la conciencia política y cultural debido a la incertidumbre política que emergía en España en los 70. ¿En qué aspectos encontrabas diferencias culturales entre Madrid y Puertollano en aquellos años primordiales para la historia reciente de nuestro país?

Entré en la universidad en el año 1973, concretamente en el tardofranquismo, época en la que la universidad estaba en ebullición con las células comunistas. De hecho, yo mismo pertenecí clandestinamente al partido marxista de los trabajadores de línea mahoista.

Pero no solo había actividad política, sino también cultural. Vi muchas conferencias como signos de protestas al franquismo, por ejemplo de Enrique Tierno Galván, futuro alcalde de Madrid.

Mientras que en Puertollano, las protestas llegaban con las huelgas en los años 60 relacionadas con la minería ya que nuestra ciudad tenía una raíz obrera, pero faltaba el cosmopolitismo cultural.

Por lo tanto, yo valoro el avance cultural que experimenté al realizar mis estudios universitarios en Madrid, ya estudiaba simultáneamente Filosofía y Periodismo por la tarde y noche, respectivamente, mientras vendía libros o seguros y cargaba cajas en el mercado de Legazpi, aunque también tenía una beca.

 

Tus primeros artículos y poemas tuvieron lugar en la revista Poesía Hispánica dirigida por el malogrado poeta José García Nieto ¿Qué aportó José a la exquisita pluma de Manuel?

Publiqué durante nueve meses hasta el último número que sacó la revista en homenaje a Vicente Aleixandre. Tenía 19 años, José García Nieto era un gran poeta poco conocido y se caracterizaba por su formalismo. Me dieron la oportunidad de publicar a los 18-19 años con gente de la talla de José Hierro o Gerardo Diego y aprendí que necesitaba ser autoexigente para estar a la altura de la revista más importante de España.

 

Una vez acabada la carrera de periodismo, cruzaste el Atlántico para ejercer como crítico de cine en el Diario de Caracas. ¿Notaste mucha diferencia entre la manera de hacer periodismo en Cuba y en España?

Era muy amigo de un poeta llamado Fernando Quiñones cercano a la Generación del 50. Cuando acabé la carrera, empecé a buscar trabajo mientras vivía en su casa. Sin embargo, no había trabajo porque estábamos sumergidos en la famosa crisis del petróleo. Además, la revista Triunfo en la que escribía, se vio obligada a cerrar.

Sin embargo, Fernando era amigo del ministro de cultura de Venezuela, Luis Pastori y un día que vino a España, me lo presentó para que tuviera la oportunidad de trabajar con él.

Al final, me fui a Caracas con 22 años a trabajar en la Biblioteca Nacional de Venezuela. Entonces volar era muy caro y viajé gracias al dinero que me prestaron mis amigos. Cuando llegué, resulta que este hombre se olvidó de la promesa, llamé a Fernando, y me dijo que contactara con Daniel Divinski que era el jefe de cultura de El Diario de Caracas y me hizo una prueba para ver mi capacidad de escribir. Me dijo que escribiera dos críticas literarias y cinematográficas. A ello me puse. Dichas críticas están en mi web. Como no sabía de cine pensé que lo mejor era escribir la crítica de una película mala, así no me equivocaría. Se llamaba “El mono borracho”, escribí en modo sarcástico, lo que me valió para entrar.

Finalmente, decidí volver a España, después de estar allí casi un año, al percibir que ese país iba a estallar. Un ejemplo de ello fue que entrevisté a un ministro en una discoteca. Rodeado de escoltas, collares, pulseras de oro, despechugado, y con una pistola en cada mano me ordenó: “dispare” para iniciar la entrevista. Acerté. Aquello no podía acabar bien, como se ha visto después con el desastre que envuelve al país.

 

A principios de los años 80, te sumergiste en política. Empezaste promoviendo eventos culturales de tu ciudad natal y terminaste saliendo de la alcaldía a consecuencia de una crisis en el PSOE. Observando este hecho con perspectiva. ¿Cuáles fueron tus mayores logros en política?

Una vez instalado en mi tierra, estuve ubicado en el área de juventud del Ayuntamiento de Puertollano antes de las elecciones de 1983. Nuestra labor fue sublime, ya que creamos la famosa Movida Popera. Apenas había presupuesto, así que, colaborando con Julián Gómez, trajimos grupos que en ese momento eran poco conocidos como Alaska o Gabinete Caligari y, de alguna manera, esta movida se adelantó a la madrileña porque estos grupos pusieron su primera piedra hacia el éxito en la ciudad industrial. Recuerdo como venían autobuses provenientes de toda España para ver a estos artistas.

En lo que respecta a mis logros políticos creo que hay un balance bastante amplio: Bilbioteca de Autores manchegos, universidades Populares, Convenios Culturales, las semanas de la provincia, y Fenavin, la feria que dirijo, aunque en este caso de responsable técnico y no político. Del poco tiempo que estuve en Puertollano de alcalde recuerdo multitud de proyectos que presentamos a la comunidad castellano manchega, y también el intento de crear un organismo autónomo entre las administraciones públicas y las empresas públicas de Puertollano para la promoción económica de Puertollano. Fue una pena que aquello no pudiera llevarse a cabo.

 

Sin embargo, tu periplo en ese mundillo acabó en 1994, ¿qué ocurrió para que te alejaras del panorama político?

En mi etapa de funcionario en el Ayuntamiento, Ramón Fernández Espinosa me propuso enfocar mi vida profesional en la política. Ahora mismo, hubiera dicho que no, pero en aquellos años dije que si porque la política se basaba en que la gente de 28-30-32 años debía relegar a gente que había gobernado durante el franquismo.

Fui de número tres en las listas, posteriormente, fui elegido Diputado provincial mientras compaginaba mi labor como teniente alcalde. No teníamos los vicios que hay ahora. Estábamos siempre en la calle, no cobrábamos sueldos, había un entusiasmo enfebrecido por hacer cosas, por satisfacer las ilusiones de la gente.

Pasado ese momento “romántico”, a partir del año 1987, la política se profesionaliza, en un sentido regular de la palabra, y pierde este sabor bonito que tanto apreciaba. Ya sentía que tenía poco que hacer en ella.

En 1993, era Director General de Política Económica y Financiera, en la Consejería de Economía y Hacienda, pero pensaba dejarlo y trabajar en la creación de un instituto de Comunicación en Almagro y formar el germen de una faculta de periodismo. Sin embargo, la dirección del partido me llamó para ser alcalde de Puertollano.

A pesar de estar tanteando con dejar la política, tenía ganas de trabajar para mi pueblo, por lo tanto, presenté proyectos prometedores para José Bono. Sin embargo, el partido se estaba dividiendo entre renovadores y guerristas, pero yo creo que las batallas siempre tienen un trasfondo personal.

En este caso, la gente se decantaba entre José María Barreda y Paco Ureña, yo me decanté por este último, fundamentalmente por cuestiones de fidelidad amistosa.

Este hecho propició que mi paso por la alcaldía de Puertollano fuera tortuoso. Finalmente, la gota que colmó el vaso fue unas declaraciones que hice a la prensa. Venía de ver a mi padre al hospital que estaba enfermo de cáncer, quedé para tomarme un café con un periodista y solté, en tono coloquial, este comentario: “la política es una mierda”. Me refería a tener que aguantar las guerras partidarias en aquella situación. Posteriormente, esta persona lo publicó, en portada, en la Tribuna de Ciudad Real, como una declaración. No quería decir que la política fuera una mierda como oficio en sí, sino por las actitudes hipócritas y barriobajeras de ciertos políticos, y lo sigo pensando ahora.

Aquello precipitó todo y en ese momento decidí retirarme de la política. Ahora, con la perspectiva del tiempo, creo que acerté en la decisión, pues de manera profesional me he desarrollado en múltiples facetas, incluyendo las literarias, que forman parte de mi esencia como ser humano.

 

Después de tu periplo político, has compaginado tu labor periodística y literaria con la de funcionario hasta ahora y la dirección de Fenavin. Esto demuestra lo complicado que es vivir de la literatura. ¿Qué debe cambiar en la industria literaria para que el oficio de escritor adquiera una mayor profesionalización?

Cuando dejé la política, empecé a escribir en el Diario 16 de Andalucía y de Castilla la Mancha tres o cuatro veces a la semana. Mientras tanto, preparé una tesis doctoral sobre la política económica comunitaria. Se creó una plaza en la diputación sobre programas europeos y la aprobé.

En ese momento, pedimos a la Unión Europea un Centro de Información Rural Europea. Allí estuve trabajando desde 1995 hasta el año 2000. Acabado el milenio, Nemesio de Lara me propuso dirigir Fenavin con la finalidad de crear una feria del vino espectacular. Los resultados están ahí en los datos de los sucesivos años, hasta llegar a este año, que será el último que la dirija, con una cifras de gran feria internacional, sin lugar a dudas en vino español la mejor del mundo: 2000 expositores de toda España, diez pabellones, 4000 compradores internacionales, etc.

Respecto a lo que comentas de vivir de la literatura, como se decía en mi época: “de la novela no vive ni Cela”, a no ser que seas un best seller, y salvo algunas excepciones, puedes llegar haciendo grandes tiradas con libros que se pueden asemejar a la canción del verano, es decir, que nacen y mueren en ese mismo año.

 

De todos los libros que has escrito, ¿cuáles consideras que son los mejores?

Te diría “El sueño de la muerte”, que fue el inicio de una trilogía que publicó Hiperión, una de las más importantes. Envié ocho o nueve poemas, les encantaron y me los publicaron. Está hecho con la finalidad de que después de la muerte, el poeta recuerde su paso por la vida.

El segundo sería “La gloria al rojo vivo”, que fue el primer libro que se publicó de literatura deportiva sobre la victoria de España en el Mundial de 2010. Escribía, y escribo, en Marca y propuse hacer un diario sobre la estancia de la selección en Sudáfrica y si España gana el Mundial o llega a la final publicarlo a los dos días.

Cuando jugamos la final y ganamos, en vez de irme a celebrar la victoria, me fui a la buhardilla a escribir el capítulo estrella y ese mismo martes, ya estaba publicado y distribuido por toda España. Incluso recibí la llamada de Vicente Del Bosque por la realización de este libro.

El otro es “Cuarenta latidos”. Se trata de un relato filósofo sobre la metáfora de la vida publicado por otra gran editorial como es Endymion.

 

Viendo el tremendo éxito del libro “La gloria al rojo vivo”, ¿crees que la literatura deportiva tiene futuro a nivel comercial?

Pues sí, hoy en día Homero escribiría su “Iliada” sobre el Real Madrid y el Barcelona porque comparte características con la mitología, por ejemplo, dioses y rivalidades.

 

A día de hoy, sabiendo que tu jubilación está cerca ¿qué proyectos literarios tienes en mente, quizás incidir algo más en el género dramaturgo?

En este momento, estoy cerrando con un libro de poemas que marcará el fin de mi etapa poética y a finales de verano acabaré una obra de teatro. Además, estoy trabajando en un nuevo programa para Mediaset después de mi proyecto “España mira a la meca”, y tengo entre mis obsesiones trabajar cuanto antes en una novela. Pero todo, poco a poco y cerrando cosas.

 

Para finalizar, ¿cómo ve el periodismo local, es decir, qué joven promesa puede aparecer en el olimpo junto a otros periodistas reconocidos como Manuel Valero, Santos González, Julián Gómez o tú mismo?

Ahora mismo solamente conozco a la gente de toda la vida. Conozco a los dos Julianes –Gómez y Camacho- que apostaron para que Puertollano no sea un desierto informativo, gente a los que la localidad les debe un merecido homenaje.

Pero también creo que surgirán otros periodísticos y escritores.

 

Entrevista: Víctor Rivilla

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