15/01/2023

LAS HERIDAS DEL PAISAJE

Viajando en AVE penetra uno en el tiempo y roza con sus ojos la historia. El silencio de la tierra predomina sobre los altos campanarios y las torres de hierro de las fábricas. La soledad de las tierras ausentes, adornada con la aspereza de las piedras y la caliza, se echa encima y envuelve las lomas verdes, los bosques de encinas y alcornoques y las extensiones llenas de pinos aritméticos o los cauces de ríos ya más muertos que vivos, que recorren como fantasmas su lecho herido. Hacia el sur el monstruo de hierro se interna por el Camino Real de la Plata, que iba desde Soria a Sevilla, y ayer fue Cañada Real creada por los romanos para llevar a pastar a las ovejas a las umbrías del valle de Alcudia. Por allí, desde Alcalá, viajó Cervantes al sur durante cincuenta años, ya acompañando a su padre, médico barbero, o como cobrador de impuestos de la Armada Invencible. Esa senda era, hasta que se abrió Despeñaperros, la más natural para ir al sur. El resplandor del oro de las Indias viajaba desde Sevilla a Santander llenando Extremadura, Castilla y las demás tierras de esa locura por viajar al otro lado del mundo.

La llanura árida, puenteada por montañas y tierras verdes perdidas, predomina como realidad de una geografía que como bien define José Álvarez Junco determina cualquier entidad política. Esa es una de las causas de que en nuestro país algunos territorios "dispongan de una gran diversidad de recursos naturales, mientras que otros son muy pobres". Las cordilleras han favorecido la disgregación, y que el territorial sea un problema de ayer hoy y mañana. Otra es la acción del ser humano. Viajando hacia el nordeste se percibe la desigualdad del proceso de industrialización del siglo XIX y XX, que tanto condicionó la realidad económica de Castilla y Aragón frente a Cataluña, País Vasco...las tierras del mar que, gracias al petróleo, se convirtieron en focos industriales. Puertollano fue la excepción que confirma la regla.

Cruzando la llanura helada (árboles desperdigados, rebeldes, son la fotografía del ayer boscoso) se comprende como Castilla dominó pero no para sí misma, no pasó de eclesiástica y militar a burguesa, pues en el núcleo del imperio se quedó a las puertas la revolución industrial. El horizonte refleja los tejados y campanarios de pequeñas ciudades que ayer fueron centro de cultura, negocio y poder, y hoy solo son bellas estampas de una historia llena de luz y sombras. Hacia el oeste la ausencia del AVE es un muro que rompe la simetría de un país que no encuentra su equilibrio. El tren lleva el siglo XXI en su semblante, pero por algunos lugares cruza el siglo XIX. Hablamos de muchos problemas del país, pero no de esta dejadez histórica que marca para muchos un futuro difícil.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 29/01/2023 a las 09:01h.