06/11/2022

LA REALIDAD CERCANA

En la hora de los vinos paseaba por Madrid, cerca del Retiro. La ciudad había salido a la calle, había llenado los veladores y un instinto de felicidad se percibía en cada uno de los rostros. Me daba la sensación de que la gente quería reír en el olvido, entender la vida como un instante de felicidad en el que los numerosos problemas se olvidan. Caminaba solo y por ello dejaba fluir mis pensamientos. Percibía a mi alrededor una extraña plenitud, era como si la gente le quisiese cobrar a la actualidad oscura el precio de un devaneo o una sonrisa con la que continuar hacia adelante sin mirar al entorno. El verde intenso del Retiro también brillaba y el cielo, más azul que al amanecer, creaba un cuadro de colores vivos que parecía envolver la vida con un espejo limpio. La calle de Alcalá era muy hermosa porque tenía una vida real, alejada del envolvente mundo que sigue su camino hacia nadie sabe dónde.

Mientras caminaba y mi mente iba a cien me paré en un quiosco de prensa -el día que el último desaparezca me gustaría estar presente con un epitafio dolido- y eché un vistazo a los periódicos. Me llamó la atención uno sobre todo, porque llevaba en portada un titular referido al riesgo de Putin con la guerra nuclear, y dentro un amplio informe sobre la evidencia de la posibilidad de una guerra nuclear, aunque matizada con la opinión de muchos expertos que entienden que Putin nunca llegará hasta ahí, y que si suele amenazar diciendo que no va de farol es como estrategia para contener la ayuda de occidente. Me senté en un velador para leerlo y leí que si ese cataclismo llegara a ocurrir nuestra Europa habría de enfrentarse sola a Rusia, porque ni USA ni China entrarían en esa guerra. Vaya complicaciones, dijo esa parte de mí que se preocupa por todo, y mi mente, por un momento, quiso huir de aquella mañana luminosa y entrar en el laberinto de la actualidad. Pero la llegada del camarero con un vino blanco fresco y un pincho de tortilla azuzó mis ganas de saciar mi hambre y ser feliz con ello.

Me costaba, porque estaba leyendo que después de la crisis de Cuba ahora es el momento de más riesgo que vive el mundo. Llegué a la conclusión de que todos vivimos dos vidas, la que sucede en nuestra realidad cercana y la que sucede lejos de nosotros, la que nos llega por los medios y nos dice qué pasa adonde no vivimos. Esa realidad lejana se acerca a nuestro corazón y nos muestra un mundo lleno de dolor y problemas (también habrá cosas buenas, pero esas no nos las cuentan). Ese mundo lejano quiere nuestra realidad cercana. Muchas veces lo consigue y nos llena de angustia y miedo. Pero otras nos rebelamos y en un maravilloso día de otoño soleado salimos a la calle y disfrutamos de un vino, una sonrisa y un olvido.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/11/2022 a las 02:11h.