18/09/2022

EL PINAR DE IZIUM

Si este artículo fuera un escueto parte de guerra, diría que al llegar los soldados ucranianos al pinar de Izium, al este del país, en reconquista de territorios ocupados por Putin, encontraron 440 tumbas diseminadas por el bosque. Si un parte de guerra es capaz de comprimir infinito dolor en pocas palabras, en éste que suena como una carrasca de sombras se comprime un manual de crueldad y sangre. Se quedarían cortas las palabras en emplea Dante en su visión del infierno para describir el dolor que habrá enterrado en esa tierra húmeda. Nadie, nunca, podrá describir la tortura infinita de cada uno de los seres que van perdiendo sus labios bajo la tierra, que van mascando el humus en el más terrible silencio de la vida que habla de la muerte. Nadie puede llegar hasta el fondo de esa oscura maldad, de esa pétrea alma del presidente ruso que asoma a su rostro marcando la más absoluta frialdad en sus pequeños ojos. La maldad de Putin se enclaustra en su semblante.

Durante seis meses fueron creciendo los muertos y las heridas. Cuántos hermanos, padres, hijos, esposas, amigos, seres queridos se quedaron con los ojos vacíos de lágrimas mientras las balas mataban. Más de 200 cruces de madera, algunas numeradas, pueblan el bosque oscuro de Izium lleno de árboles delgados que crecen sobre un suelo áspero. En el otoño veo las fotografías de esa tierra y una sensación de humedad y pobreza envuelve la tristeza. Veo las figuras con bata blanca que están desenterrando los cadáveres. Excavan 80 centímetros y enseguida encuentran el cuerpo. Algunos llevan casi seis meses enterrados y otros son más recientes. Son tumbas individuales. Sin embargo descubren una con 17 soldados que debieron morir en los numerosos ataques aéreos.

Los operarios encuentran muchos con signos de tortura. Manos atadas, sogas al cuello, disparos diversos...Hay familias enteras. Hay niños, ancianos, civiles que los soldados rusos mataron durante esos seis meses como represalia y ejemplo de su impiedad. Debían tomar nota cualquiera de los 45 mil habitantes de Izium si sentían deseos de rebelión ciudadana. Casi todos los enterramientos son anónimos, pero entre los escasos muertos con nombre se encuentra la niña de cinco años Olesya Stolpakova, fallecida el 9 de marzo junto a sus padres.

Es domingo por la mañana y un viento fresco anuncia que ya está aquí el otoño. Leo y levanto los ojos mirando las escasas nubes, intentando que la lejanía de mi vida no produzca un silencio que lee, se entristece y olvida. Solo tengo mi pluma para ponerle nombre a este dolor: el de otro loco más que denigra la especie humana, Putin. También tengo mi fuerza ciudadana transformada en apoyo a todo cuanto hagan los que luchan contra este tirano que ama el infierno.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 01/10/2022 a las 23:10h.