24/07/2022

HASTA QUE LLEGUE SEPTIEMBRE

Cojo el maletín de los viejos problemas y lo llevo al rincón de la oscuridad, donde está lo que mi mente quiere desterrar de su memoria. Está repleto de asuntos que temblaban en mis manos: sueños rotos, sombras de una esperanza, amores partidos por la mitad, proyectos que nacieron helados, deseos incomprendidos... Lo miro y siento que lo que allí hay es una parte de mí que se desplegó por las noches en mis sueños, azorándolos, metiéndose en el sueño profundo para dormir afilando sus garras en el inconsciente. Algunos se solucionaron y salieron de ese maletín que me acompaña. Me dejaron un vacío hermoso que pronto se repobló con nuevos sueños y proyectos. El ser humano, salvo los que llamo "gente planta", necesita el empeño en algo (lo digo sin grandilocuencia), para ponerse a ello al enfrentarse al destello de luz y sombras de la realidad. Algunos de esos empeños llegan a buen fin y otros hierven de impaciencia, dolor o imposibilidad, porque no pudieron llegar a ser. Son almas nonatas en nuestra conciencia.

Se habla mucho del destino como obra de Dios o del azar, pero si pensamos bien somos nosotros los principales fabricantes de nuestro destino. Por supuesto que elementos exteriores ayudan o complican, pero en cada decisión importante que tomamos estamos creando un destino que nos envolverá después. Hace mucho tiempo trabajaba en un gran periódico de Caracas. Era muy reconocido y gozaba con mi trabajo, pero llegó un momento en que tuve que tomar la gran decisión: quedarme allí o regresar a España. Si lo hubiera hecho de manera impulsiva o poco analítica, o con una lógica simple, me habría quedado porque ganaba mucho dinero y era feliz. Pero profundicé y vi enseguida el caos oscuro y violento que se estaba gestando en ese país, una desolación social que tarde o temprano estallaría. Elegí venirme, y al año de estar aquí el periódico cerró, el país entró en una galopante inflación y la ayer rica tierra se convirtió en un territorio de amplia pobreza. Si me hubiera quedado mi vida habría sido muy diferente, y todo ese caos reinante, conociéndome, me habría introducido en una permanente zozobra y melancolía. Los principales arquitectos de nuestro destino somos nosotros. Lo que pasa es que muchas veces echamos balones fuera y nos eliminamos de la actuación de un fracaso. Pero somos lo más importante de la ecuación de la vida.

Y ese maletín viejo, lleno de posibles destinos, ahora lo escondo en el rincón de la oscuridad. Quiero olvidarme de él al menos el mes de agosto y sentirme en la vida como el que llega a una isla desierta y lo que más desea es reconocerla. Aunque sea muy simple, suelo dividir a las personas en dos: las que me ofrecen amistad, soluciones y alegría, y las que solo me ofrecen problemas, agobio y dolor. Por un mes, tendré a esa chusma que no me considera o me odia callados en el rincón de la oscuridad.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 08/08/2022 a las 00:08h.