22/05/2022

EL BAZAR DE LOS ESPÍAS

Mi amigo el poeta Rafael Soler tiene un libro que se llama, No eres nadie si no te disparan. Aquí no eres nadie si no te espían. La palabra espiar tiene un ámbito enorme, y siempre que la oigo me acuerdo del filme de Hitchcock La ventana indiscreta, y veo ese patio interior lleno de ventanas que vuelve las vidas íntimas en públicas. Desde la suya, anclado en silla de ruedas, el fotógrafo LB Jef durante una ola de calor observa con absoluta indiscreción lo que pasa en las habitaciones de sus vecinos. La versión española de este filme sería la Vieja del Visillo del humorista José Mota, quien con mejor agudeza y arte del ingenio espía a sus paisanos cuando pasan delante de su ventana. A diferencia de James Stewart (Jeff), que espía con unos prismáticos, ella usa gafas cuello de botella como un ejercicio de naturalidad pueblerina y con mayor embozo echa el visillo a un lado para espiar. Este tipo de espionaje tiene que ver con la mirada, y contiene un arte sublime, pues hay quienes con la mirada desnudan, radiografían, descubren lo que desean ver, o lo que nunca verán, y con la mirada desprestigian o prestigian a sus seres espiados.

Luego observo el espionaje profesional. Aquí es el CNI, que debe ser como en las películas. Hay una realidad legal, aprobado por un juez, y otra subterránea y oscura, llena de dossiers sobre personajes importantes que pulula por manos indeseadas. Nos falta un 007, con licencia para espiar y salvar al país y al rey de los malvados enemigos que buscan la zozobra del Estado. Sin embargo, en vez de a James Bond, tenemos a Mortadelo o Filemón, o los dos en uno, como el Dúo Dinámico, y no me digan que como en la Vieja del Visillo no bulle el ingenio esperpéntico como arte, y la riqueza conceptual como maestra de la simpleza de Bond. El inglés solo folla y mata y se pavonea como un imbécil engreído que piensa que los demás somos tontos, mientras que el dúo hispánico en vez de follar nos hacen reír y nos congratulan con el ser humano.

También hay que hablar de espionaje político, o a políticos, que tiene ya una enciclopedia sonora llena de expresiones zafias y vejaciones y chanzas sobre cómo se lo llevan puesto. En este arte Villarejo y Luis Rubiales son los más grandes. Van por la vida con un bolígrafo grabador, una cámara en miniatura y meten los dedos para que suelte con una pericia malsana y ávida. El policía tiene un verbo de no fiar, y sin embargo caen todos en sus redes. Rubiales te dice con los ojos no te fíes de mí, antes de hablar, y después, mucho menos. Graban al Papa, si pueden, y son la transformación del pícaro medieval en vendepeines de cuello blanco y corbata. España es una plaza pública, un mercado de ojos y bocas en el que no eres nadie si no te espían. Mejor así.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/11/2022 a las 03:11h.