24/04/2022

LA IZQUIERDA SE VA DE PICNIC

Diseño en mi mente un mapa en el que quiero integrar lo que mis ojos ven, lo que mis oídos oyen, y mi sentimiento y mi razón envuelve para formar un cóctel oscuro en el que se mezcla la actualidad presta a ser engullida. Aunque tengo alma de anacoreta, la punzante realidad hace bullir mi instinto social y resucita mi estupefacción y enciende la rueda de mi memoria. Jamás pensé que vería lo que estoy viendo. Soy un escarmentado hijo del racionalismo del XVIII, el romanticismo del XIX -sobre todo el alemán, que es el más espiritual-, la socialdemocracia y la Transición del XX y el hambre de vivir sin máscaras del XXI. Es decir, soy lo que algunos llamarían, despectivamente, un "puto progre", y otros por supuesto un tipo que está harto del sectarismo, del enfrentamiento social sin sentido, de la hipocresía de las costumbres y del cruel egoísmo de los que se forran y les da igual la gente que se queda atrás. De todas formas, aunque "progre" me gusta dialogar con gente de derechas que como yo se someten a la razón y al sentimiento de que no hay que dejar a nadie tirado en la cuneta.

Bien, como decía, soy uno más de los que se sorprenden al observar, más cada día, batallas políticas para el gobierno entre la derecha y la extrema derecha. Con esto, cualquier manual marxista, o liberal tipo Stuart Mill, salta por los aires, pues el enfrentamiento entre extrema derecha y extrema izquierda, era el escenario previsible ante la debilidad de ese pacto que se realizó entre la Democracia Cristiana, el Liberalismo y la Socialdemocracia después de la guerra mundial. Esta alianza -que ya reclamaba para Europa Ortega en La rebelión de las masas- ha significado la mayor época de paz, justicia e igualdad en la historia del ser humano. Pero el pacto estalló, ya venía débil, sobre todo por la decepción social, con la crisis del 2008 producida por la especulación y la globalización, monstruos que lo engulleron.

Pues bien, esperaba, como muchos autores, el enfrentamiento entre la extrema derecha y la extrema izquierda. Sin embargo, en Francia, Italia y otros países, la izquierda se va de picnic y la lucha por el gobierno se realiza entre las derechas. No sé si la gente de la izquierda ha llegado a una idea común sobre por qué ha pasado esto (y puede pasar aquí por supuesto), o como en La vida de Brian anda cada uno moviendo su banderita al viento mediático. Un día, la izquierda, descubrió el utilitarismo (hay que servir para algo) y realizó la mayor transformación hacia la modernidad del país en toda su historia. Ahora, a mi entender, para no quedarse en la cuneta, es urgente que ocurran dos cosas: acordar una única bandera y eliminar de una vez para siempre el virus del sectarismo. Visto lo que viene, es urgente.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 20/05/2022 a las 07:05h.