09/01/2022

LA SOMBRA DE LAS MENTIRAS

Vas un fin de semana al campo de exterminio de Mauthausen y no sientes el olor a carne quemada, ni esa grisura del viento en la que el enorme drama suena con una flauta de angustia. Te regalé el más horrible libro escrito por un loco que odiaba la felicidad ajena, Mein Kampf, y apenas lo ojeaste, las bárbaras crueldades que contenía pensabas eran tergiversaciones de oscuras imprentas, el contubernio de no se qué poder masón, judío o ateo o no sé que, que maneja los hilos de nuestras pobres vidas. El otro día me fui a casa cabreado después de estar una hora discutiendo contigo si fueron o no fueron a la luna. A veces dudas de que la tierra sea redonda. Me la diste un sábado por la noche con lo de la mentira del cambio climático, y aunque ya hasta el biólogo más estúpido del mundo lo acepta, tu sigues dale que te pego manifestando la osadía de los argumentos del ignorante. ¡Pero que serrín espeso tienes en la mente! ¡Quién te ha camuflado las neuronas en musgo pastoso!

Ahora, como sabes que escribo también de deporte (a mi manera claro, quiero hacer poesía con el balón), el otro día, viéndome de lejos, echaste una carrera para pillarme y darme en los morros diciéndome que a ver que digo de Djokovic, el prisionero de Park Hotel de Melburne, el héroe antivacuna cuyo padre ha comparado con Cristo y Espartaco. Pues pienso que solo falta un Tweet de Trump o que aparezca por allí el de los cuernos que asaltó el Congreso de USA para que el esperpento tenga el título de estupidez universal. Y por supuesto, me quito el sombrero ante las autoridades nacionales australianas. Han demostrado que puede haber políticos que no solo hablan sino que también practican el sano arte de la igualdad ante la ley. Ocurra lo que ocurra ante los jueces, Chapeau.

Vosotros habéis provocado la sexta ola y que vuelva a haber gente arruinada. Creéis ser distintos a los demás, pero no sabéis que esa distinción os hunde en esa caverna de la ignorancia de los que creían en los mitos y no en la ciencia. La ciencia no es perfecta, por supuesto, pero si no fuese por ella estaríamos aún con taparrabos adorando becerros y sacrificando niños. La ley no es perfecta, por supuesto, pero si no fuese por ella nos pelearíamos por un trozo de pan. La pena es que la complejidad de las cosas a veces se alía con vosotros, y en el caso de Djokovic, por la extraña situación y que sea un ídolo se produce una publicidad extra para el negacionismo. Se puede ser un gran tenista y un insensato, como es el serbio, muchas veces montando el número en circunstancias ajenas al deporte. No podemos aceptar que no se cumplan las normas, si queremos seguir intentando ser civilizados.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 19/01/2022 a las 12:01h.