10/10/2021

EL VACÍO QUE DEJAS

He visto el título en algún lugar que ahora no recuerdo, no sé si un libro, un cuadro o un poema, no sé, pero la frase se ha quedado en mi retina y ha comenzado a moverse hacia dentro, quizá hacia el alma o lo que haya ahí, tan adentro que en esa profundidad sobrevive una identidad oscura que quizá nos conecta con la misericordia del Infinito.

La frase me ha generado un calambre profundo, se ha apretado en mis dedos el domingo por la tarde, cuando escribo estos artículos que Promecal tiene la amabilidad de publicarme, artículos casi siempre otoñales -no puedo dejar de ser otoñal y melancólico- que ustedes leen los lunes, el día de la vorágine, del tiempo de la necesidad, cuando la vida se abalanza y nos obliga a responder a su demanda.

Los domingos tienen horas agrias. Siempre, desde niño, el furor feliz del fin de semana (los de sol radiante mejor recordados) se diluía primero en el apacible silencio del domingo por la tarde, y luego, cuando el crepúsculo tomaba el gris de las cortinas, en esa tristeza innominada del fin de la semana. Dice Muñoz Molina que uno de los mayores misterios de la vida es el de la imposibilidad de ser feliz un domingo por la tarde.

Y ahora, la frase, que no recuerdo en dónde he leído, me llena con una reflexión: cuántas cosas en la vida nos dejan un vacío al irse. Es el sentimiento de que algo huye de nosotros, algo que el amor, o el deseo, no puede retener y nos inunda la sensación de que jamás volverá a nuestro lado. Esa sensación es el vacío latiendo con un corazón ausente en la noche del pecho.

No me refiero solo a lo más terrible, que es la desaparición de las personas amadas, o a la muerte del amor, hablo también de cosas cotidianas, de momentos que nos llenaron de luz y en un instante se fueron dejándonos un vacío que punza en el pecho. No quiero nombrarlas, porque cada uno tiene su álbum de vacíos y puede poner sus fotografías de ausencia en la soledad de este artículo.

Escribo el domingo para el lunes y me siento extemporáneo. Pero da igual (o quizá lo agradezcan) que no lean aquí del volcán, los presupuestos o el independentismo agónico de Puigdermont. Da igual que sea lunes y la vida pase de estar, a irrumpir. Lo importante es que jamás la actualidad nos arrolle y dejemos de sentir esos vacíos que nos hacen más humanos.

Busco la frase por Internet y descubro que es el título de una exposición de fotografías que publica El País de Anna Alejo. En ellas la ausencia humana hace que las puertas, las mesas, el río, el árbol, el mar…, exalten la vida. Porque lo más hermoso es que en ese vacío también hay vida.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 22/10/2021 a las 17:10h.