26/09/2021

EL VOLCÁN EN LA OSCURIDAD

Mientras veo el vómito de fuego de la tierra inundando la noche, recuerdo a Malcolm Lowry. Lo primero que leí de este autor no fue Bajo el volcán, su conocida novela llevada al cine, sino un libro de poesía, El trueno más allá de Popocatépetl, texto del que un poema se grabó en mi mente con solo una lectura. Los versos se quedaron dentro de mí durante mucho tiempo, y cuando vi el magma del vacío fundiendo el viento en La Palma recordé las palabras sentado en el sofá frente al televisor. Miraba el aliento rojo saliendo del estómago de la tierra y recordé: "El volcán está rodeado de oscuridad y un trueno repentino parece hundir las haciendas cercanas. En esta oscuridad pienso en los hombres y en el acto de procrear (…) y la mano eterna de la mujer moviéndose suavemente a un lado…Y escucho los gritos que podrían ser los gemidos de un moribundo o las apasionadas quejas del amor". Titulé mi segundo libro de poemas Sobre el volcán la flor. Es un verso de Bécquer que nos viene a decir lo unidos que están la destrucción y el amor, la muerte y el nacimiento, porque al cabo esa flor que nace de la ceniza y el fuego es un acto de amor.

La naturaleza es la gran Biblia de la existencia. Está llena de páginas escritas en hechos que nos dicen la verdad de lo que somos, o por decirlo poéticamente, la infinita realidad de la Sombra. Es una realidad de contrarios (siempre inmenso Platón, como Beethoven con la música) que se necesitan para existir. Y en esa muerte que transporta el fuego está la vida, las islas, los continentes, las células, los bosques, los seres, todos lo seres que llevamos escrito adentro el enigma del fuego.

De la novela de Lowry, Bajo el volcán, percibí estremecido la semejanza que hay entre la inestabilidad de las fuerzas que moran en el interior de la tierra, y en el interior de los seres humanos, capaces de la máxima destrucción y la mayor belleza y amor. En nuestro interior hay un volcán que hierve en la oscuridad, que quiere salir a la luz a veces bajo el peso del pasado, otras bajo el de nuestro destino, o los sueños, o las sombras. El instinto del fuego es nuestra célula primigenia, por eso muchas veces nos quedamos embobados viendo arder la leña en una habitación en penumbra, o en las hogueras de San Juan viendo el alma del fuego venciendo la noche como si fuera a la Nada. La destrucción o el amor, decía Alexandre, pero cambio la "o" por una "y" que nos enlaza la muerte, la vida, el dolor y la belleza como las columnas que sostienen el ser, y con otra dualidad, nos enfrentan al Infinito. Porque, como escribió Amin Malouf, al final será la nada o será la misericordia.

(Foto BBC News Mundo)

Impreso desde www.manueljulia.com el día 22/10/2021 a las 17:10h.