29/06/2021

EL RESURGIR DE ESPAÑA

EL OBSERVADOR

Hay partidos que son un mundo, como éste. Pasa de todo. Hierve la angustia o la alegría danza por los rostros. Y se sufre y se lucha y se vuelve a sufrir y a tener que luchar y a sufrir. Hay un mundo en el que un gran equipo se enfrenta a otro gran equipo. Un mundo en el que un tipo como Morata se parte la cara, se come él solo una defensa y marca un golazo que pide una mordaza para los que dudaron de su talento. Y otro tipo llamado Modric te pincha el corazón con elegancia, te destroza las entrañas con su bisturí.

Un mundo. Pasa de todo. Tu portero se vuelve Pavarotti cuando hueles el polvo de la red y jugamos como Dios. Pero luego te salva con un paradón cuando te has venido abajo y los croatas se comen nuestro hígado y el equipo está vacío porque se ha vaciado minuto a minuto, gota a gota de sudor.

Y cuando sientes que tiramos la victoria y mientras el rostro de Dalic en la banda, de Livakovic agitando a su gente, del goleador Brozovic, de Kramaric, ves que se sienten depredadores y los tuyos miran la prórroga con una angustia y decepción oscura.

Y comienza el tiempo extra y están a punto de marcar. Nos arrollan pero cuando te temes lo peor aparece un bello centro de Olmo que controla Morata, y de un terrible zurdazo, destroza la alegría del público croata, lo hunde en el silencio. Al final, en el 103, Oyarzabal controla y remata clavando otro puñal en los contrarios.

Hay partidos que son un mundo, como éste. Un mundo feliz que riega a un país, que a veces se devora a sí mismo, de alegría.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 22/10/2021 a las 18:10h.