16/05/2021

SERES CON SENTIMIENTOS

En sus Cartas inglesas Voltaire escribe sobre la admiración que siente por los ingleses, por sus inventos, por su fe en el ser humano y su raciocinio. Voltaire vivió un tiempo en Inglaterra y reconoció enseguida el valor democrático, científico y humanista de ese país, salvando, como en tantos otros, las tropelías de las conquistas que todos los imperios han llevado a cabo.

Me sirve esta breve introducción para manifestar mi admiración a ese pueblo porque se está tramitando en su parlamento la ley que reconoce que los animales son seres con sentimientos. Que tienen sentimientos lo sé por mi día a día, pues solo me basta con mirar a los ojos de mi perro o mi gato para darme cuenta de que sufren, se alegran, quieren o desprecian según su profundo decálogo sentimental. Cierto que su cerebro es capaz de desarrollar muchas menos concepciones que nosotros, es menos complejo en sus pautas y análisis, en su definición del exterior, pero suficiente para navegar por su mundo, para desentrañar lo que les interesa y necesitan, para generar un código de afección o desafección de los otros según sus necesidades, como los humanos.

La naturaleza castiga la soberbia humana, el creernos que todo gira sobre nosotros y no que somos un producto más de la tierra y el agua, el más complejo y capaz de luchar contra ella sí, pero uno más, y sometido como todos al destino natural de todo lo que existe bajo el sol o en el extraño e infinito vacío. Esa soberbia, por fortuna, está siendo devaluada por el raciocinio y el humanismo, por eso me alegro muchísimo de que los ingleses lleguen tan lejos en una ley sobre los animales.

La Animal Sentience Bill reconoce que ha de tenerse en cuenta en la administración el bienestar animal. Esos ingleses que tanto respetaba Voltaire, son los primeros que lo relacionan con la política del medio ambiente. Se toman en serio la protección de animales domésticos y salvajes, y aportan una regulación especial para la industria ganadera. Hay muchas excelentes medidas que no puedo expresar, por falta de espacio, pero destaco, por ejemplo, que se prohíben los collares de entrenamiento que someten al animal a pequeñas descargas eléctricas.

La gran mayoría de los que tenemos animales en casa las consideramos como una parte de la familia. Cuando desaparecen hay un dolor y un luto intenso y cuando llegan la alegría que produce un recién nacido. Y sabemos, porque lo vemos día a día, que son seres con un maravilloso sentimiento de fidelidad, amor y compañía, y que cuando estamos enfermos o nos angustia algún mal, ellos lo perciben y son los primeros que están a nuestro lado para consolarnos.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 17/06/2021 a las 19:06h.