11/03/2021

EL LEÑADOR NORUEGO

LAS CUATRO ESQUINAS

DEPREDADOR, DERROTA, ILUSIÓN, SUERTE

EL LEÑADOR NORUEGO

Tiene pinta de leñador de los bosques, o de esos abusones del cole que te sacaban la cabeza y buscaban camorra. Erling Haaland la busca con los defensas y con quien se le ponga por medio. Se mueve con la decisión absoluta del que sabe lo que quiere, en su caso el gol. Solo mira hacia portería y cuando corre echa el cuerpo hacia delante, como queriendo comerse el viento. Chocar con él es como darse contra un árbol. Que se lo pregunten a Diego Carlos. Quizá desde la aparición de Cristiano no se vio un tipo tan decidido en devorar la gloria, aunque todavía es pronto para compararlo. Si el destino no lo arrolla se hablará mucho de este leñador. Dará muchos días amargos a quien no juegue en su equipo.


LA LUZ DE LA DERROTA

El amor a los colores, y esa expansión profunda de gozo que nos produce la victoria, ofusca a veces el enorme valor que tiene la derrota. La ansiedad se detiene en el pecho, se aloja en la sombra, cuando algo grande ha estado a punto de ser pero cae hacia el vacío por la cascada de la realidad. El Sevilla sentía, sobre la misma yerba, que podría ganar al Borussia Dormund, y aunque dice Lopetegui que vienen con la cabeza alta y el orgullo intacto, muchos sevillistas dicen que se ha perdido y lo demás son milongas. Olvidan estos aficionados el enorme valor que tiene aprender de la derrota, convertirla en un paso más para ser mejor. Hoy el Sevilla es más que ayer si sabe por qué perdió jugando mejor.


ANTES DEL PARTIDO

Escribo cuando aún el Barça puede agarrarse a un sueño como el que sabe que puede devorar la noche. Escribo cuando una ilusión profunda dice que es posible, y arde el corazón, y la cabeza vierte espuma hacia abajo, pero una neurona extraña que hay en la mente dice a las otras que en fútbol todo es posible. El fútbol es la sombra de un deseo y a veces el universo paga la fe con monedas de realidad. Ahora, cuando mis dedos diseccionan palabras aladas, nadie sabe si el Barça pasará, pero todos saben que no quedará ni una gota de luz no gastada en su cuerpo, que dará toda su energía por volver a arrasar al equipo más caro del mundo. Escribo soñando sobre el alambre de lo muy difícil, pero no de lo imposible.


DESPUÉS DEL PARTIDO

Solo con que hubiese ayudado la suerte habría sido posible. ¿Pero qué es la suerte? Es unos pocos centímetros, o milímetros, la fuerza del viento, un pie que se cruza, un resbalón, una zona abrupta del césped... La suerte son esos pocos milímetros que le faltaron al balón lanzado por Dest para salir hacia dentro en vez de hacia afuera al golpear el poste. Los mismos que habrían posibilitado que al golpear la pierna de Navas en el penalti el balón fuera hacia dentro, igual que al chocar con el poste. Si en el primer tiempo el fútbol hubiese abrazado la justicia, podríamos estar hablando del milagro. O de que un Barça con dos o tres golpes puso la máscara del miedo en el PSG. El penalti fue clave. Qué pena.


Twitter: @ManuelMjulia

Impreso desde www.manueljulia.com el día 18/05/2021 a las 12:05h.