16/05/2020

SIGUEN AHÍ, POR SI LO HABÍAN OLVIDADO

Pasaban los días en el confinamiento y sentía gozo, con cierta culpabilidad, por la ausencia de noticias del independentismo. Recuerdo a Ferreras como en una especie de Gran Hermano, manejando los hilos de los hechos con esos brazos al estilo director de orquesta, trajinando noticias con sus tertulianos, ¡atención señores! que ha pasado no sé qué, ha dicho no sé quién algo sobre España, o han ido a Bélgica no sé cuántos independentistas a adorar a Puigdermont. Un día pensé que llevaba en ese Gran Hermano con sus tertulianos tres años. Más de mil días encarcelado en su noticia, contando estropicios, hazañas, perfomances del independentismo. Me sorprendí. Qué exagerado eres Manuel, me dije. Pero conté los días y eran más. Menos mal que existen otras televisiones no inmersas en esa tela de araña, si no qué extraño gozo de la vida, pasarse el día hablando de Torra, Puigdermont y Junqueras.

Escribí una serie de reportajes sobre el independentismo catalán. Me fui allí. Me perdí por el Ampurdán profundo. Estuve en Girona hablando con la gente y llegué visitar el pueblo de Puigdermont, un lugar en donde encontrar alguien que se sienta español es como buscar una aguja en el desierto del Sahara. Fui comprensivo. Intentaba entender esa obsesión de una gente por largarse de aquí. Llegué a la conclusión de que algunas verdades y demasiadas mentiras habían creado en el corazón de muchos un sincero odio a lo español. En otros solo un deseo se irse, sin sentimientos. En muchos, sobre todo políticos y empresarios, una oportunidad de hacer el agosto apuntalando a una España postrada. También había gente que entendía simplemente que ganarían más dándose el piro.

El Covid arrasó con todo. Exigió el protagonismo que merece por tener al mundo postrado a sus pies. El bueno de Ferreras cambió su monotema por otro monotema. Del independentismo al Covid y tiro porque me toca. Los independentistas tenían una razón más que las habituales para odiar al virus. Les había echado del escenario. ¿Pudimos pensar alguna vez que se había difuminado esa matraca para mucho tiempo? Sí, lo pensamos. Era lógico. ¿Cómo va a haber gente que en una catástrofe se levante y diga oiga qué pasa de lo mío? Pues que va a pasar hermano, que nos vamos a ir todos a tomar por culo con miradas tan estrechas como la tuya. Cierto que Torra era un reflujo de lo antiguo. Eterno tábano junónico, metía baza separatista en cuanto podía. Pero Ferreras solo hablaba del Covid y eso es un indicador de por dónde va el asunto.

Incluso la terrible, miserable, estúpida, cruel, malvada afirmación de Meritxell Budó de que en una Cataluña independiente habría habido menos muertes, se quedó en nada. Pero en cuanto se relaja el miedo, estos señores sacan la testa, y vuelven a tocar con cencerros su matraca. El estadio superior a la obsesión es lo que tienen, la super obsesión. Tienen miedo de que peligre su negocio y piden desde la Generalitat volver a realizar sus manifestaciones para seguir dando el cante. No soportan que no se hable de ellos.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 06/06/2020 a las 00:06h.