30/04/2020

EL ÚLTIMO PARTIDO DE MICHAEL ROBINSON

Alentó el destino enigmático con la vara de la muerte. El último partido que comentó Michael Robinson fue el Liverpool-Atlético. Fue uno de esos que no te deja quitar los ojos del campo, y da igual que perdiera el Liverpool, lo importante fue que esa sensación de ciclo que tenemos los humanos, cuando el final empieza por el principio, se cumplió. Es imposible percibir lo que albergó esa noche el corazón de Michael, pero sabiendo la enorme capacidad de sentimiento que había en sus entrañas, seguro que el inmenso tobogán de la nostalgia le hizo sentir algo que quizá nunca habría sentido.

El Robinson que conocemos comenzó y acabó en Liverpool su tiempo en los estadios, en el campo o en la garita de los locutores. Entre medias, un montón de años en España sintiéndose uno más, un español especial que mezclaba la agudeza e ingenio ingleses, la mordacidad británica, con la campechanía hispana. También el sentir más las cosas con el corazón que con la cabeza, aunque de manera inglesa, llenando el sentimiento de esa capacidad de orden sajona.

No sé si Robinson fue un inglés español o un español inglés, o las dos identidades equilibradas. Quizá lo primero porque cada día iba siendo más español y menos inglés, aunque nunca perdió esa flema de las islas que convierte algo trascendental en una anécdota. Incluso su acento sonaba como una mezcla de madrileño y andaluz, aunque cualquier error de dicción lo convertía enseguida en una agudeza.

Nos habíamos acostumbrado a él. Ahora nos va a faltar. Qué dura es esa sentencia inapelable que dirige la muerte. Lo echaremos de menos. Mucho. Bastante. Sus comentarios hacían más rico el fútbol. Su bondad llenaba de humanismo la pantalla y el micrófono. Buen viaje Michael.

Twitter: @ManuelMjulia
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Impreso desde www.manueljulia.com el día 19/09/2020 a las 05:09h.