25/04/2020

LA LUZ DEL TIEMPO

Pobre espejo quebrado, miré en tu cristal mi juventud, y sentí la voz del pasado diciéndome que nunca es tarde ni para amar ni para vivir. Tampoco para morir. Cuando haya de llegar llegará. Pero ahora el viento del amanecer me dice que estoy vivo. Los árboles moviéndose siguen su camino y yo sigo el mío. Nada podrá derribarme salvo el edicto del tiempo clavado en mi corazón. Aún estoy vivo, y las horas beben mi sangre y mis pulmones aspiran el viento. Miro en el horizonte al tren de los últimos días alejarse. Sus vagones van llenos, pero yo lo estoy viendo y vibra en mis ojos la juventud insumisa. Los años se han ido como soles perdidos, pero no he caído en la sumisión contra la que siempre luché. Miro el futuro y sé que es como la historia, un incesante volver a empezar, como dice Tucídides, y sé que volveré a comenzar mis sueños porque amo más tenerlos que conseguirlos. Como dice Próspero, en La tempestad, de Shakespeare, estamos hechos de la madera de los sueños. Perderlos es tener el mayor vacío, el de sentir el tiempo como una derrota aceptada.

Mis fuerzas se han debilitado, pero no ese ser que habita dentro de mí. Ahí dentro es el único lugar en el que soy entero. Allí vivo con mi perenne juventud, y pienso que si somos el sueño de una sombra (Píndaro), algún día la sombra nos mostrará su luz. En consecuencia, la luz que nos creó. Veo el rostro de Clint Eastwood y encuentro la lucidez del tiempo derrotando al temor. Pienso en el de mi amigo Rafael Díaz Salazar, salido de la UVI con noventa años, venciendo al Covd-19, y recuerdo que nunca se sintió al final de ningún camino. Recuento las arrugas de Mick Jagger y encuentro una fuerza poderosa alimentada con el fuego de la música. Releo la obra de Saramago y me inunda su prosa como una lluvia misteriosa que tiene un valor sin tiempo.

Ser mayor no es una enfermedad. "Tengo veinte años y estoy más muerto que muchos que han muerto ya", dice un personaje de Faulkner en ¡Absalón, Absalón¡. Esa es la única enfermedad del tiempo, la de vivir la muerte en la vida. Mientras un gramo de oxígeno penetre en mis pulmones, y pueda mi corazón distribuirlo, siempre esperaré algo. "Sin esperar nada no hay goce alguno. La esperanza es lo futuro, y lo futuro es lo que da valor a lo actual", dice Azorín en La isla sin aurora. Estaré dispuesto a reclamar al Silencio que quiero hasta el último suspiro de mi existencia para gastarlo en amar y vivir según mi ignorante, o sabio entender.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 19/09/2020 a las 04:09h.