21/03/2020

EL INTERIOR DE LAS HORAS

Sábado de sol hermoso entre nubes desperdigadas. La luz entra por el ventanal levantando la vida de las cosas. Repasa el lomo de los libros, refulge sobre el gris de la lámpara, me muestra las motas de polvo de la mesa, minúsculos pespuntes de hilo que vuelan por el aire. Afuera es la misma fotografía de estos días. La ausencia, la soledad, el silencio roto por el piar de los pájaros en libertad. Veo la televisión lo justo y cada vez rastreo menos por el móvil. Me he impuesto un horario espartano lleno de actividades sin hacer, deseos que eran imposibles, necesidades en mi caso más literarias que otra cosa. Al fin puedo decir que me he leído las Poesías completas de Emily Dickinson, un tomo de 1528 páginas que siempre estaba esperando en el anaquel de los libros de urgente lectura. Al final leía a trozos, pero no podía meterme a fondo. Desde 1861 Emily comenzó la etapa más solitaria de su reclusión, según nos cuenta José Luis Rey en el prólogo del libro editado por Visor. Tendría que escribir mucho de mis sensaciones sobre los poemas de Dickinson, pero éste no es lugar para ello. Sí quiero decir, sin embargo, que lo que más me ha llegado es como convierte la tradición en una percepción que es capaz de vencer el tiempo, y encontrar una belleza enigmática en lo cotidiano.

Después de leer a Emily he querido continuar sobre su senda y he comprado la obra completa de Elisabeth Bishop, publicada por Vaso Roto, y tengo El puente, de Hart Crane, para relectura. Me gusta esa senda y quiero comprobar las relaciones entre ellos que dice Harold Bloom. En el encierro también terminé de leer Terra Alta, de Javier Cercas, cuya maestría novelística es de una perfección amable. De ese libro saqué el deseo de leer a Georges Perec, a pesar de que dejé a medias La vida instrucciones de uso, mareado de mirar atrás para entender a la gran cantidad de personajes. Cercas me ha hecho comprender que debo hacer un esfuerzo, porque si es importante la historia, en este caso las historias, lo son más los personajes. Como decía Emerson, la historia no existe, solo la biografía. También tengo, en línea de salida, los artículos de Alvaro Cunqueiro, Al pasar de los años, y los cuentos y novelas cortas de Carson McCullers, y sobre todo estoy a punto de entrar en Ensayo sobre la fatiga, de Martí Peran, un libro que me regaló, en una reciente maravillosa visita a Ourense, Andrés Mazaira, profesor de la Facultad de Empresariales de Ourense. Este libro estoy deseando meterle mano.

Sobre mi escritura he dado el último, y ya definitivo por Dios, repaso a mi libro de poemas, o lo que sean, porque no soporto enclaustrarme en los géneros. También ultimo un texto para las esculturas de Víctor Ochoa, que irá en su catálogo. Cuánta fuerza hay en Ochoa, cuánto poder del arte, cuánta poesía también, dominada por la inmensa mirada que empequeñece la materia para volverla más grande, como si rozara con sus formas el alma del universo. También escribo un libro sobre gente humilde que ha realizado hazañas que podríamos llamar quijotescas. El libro lo publicará la editorial Almuzara. En fin, si con pan y vino se anda mejor el camino, con libros, amistad y paciencia, se pasa mejor un encierro.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/03/2020 a las 14:03h.