14/03/2020

LA SOLEDAD DE ADENTRO

El furibundo murmullo de los sábados por la mañana, en el mercadillo. Los insoportables atascos de los viernes por la tarde, cuando todo el mundo sale de la ciudad. El ruido voraz del sábado por la noche, con los borrachos violentos y los que van hasta las cejas de coca, o nadan en la mariguana, apoderándose de las calles mientras los ojos les brillan hermosos bajo los neones. Los ríos de gente sobando las prendas pasadas de moda en losoutles. Ese océano de cabezas bregando como olas negras por las grandes superficies, tropezándose unos con otros, convirtiéndose en masa distendida, algo feliz. El paseo en procesión bajo los árboles por el circuito campestre, mirando el atardecer sobre la copa de los pinos. El maravilloso ruido de los niños en las plazas y en las calles de las urbanizaciones, vida grande, toda esa riada del existir se va a ir de vacaciones clavándole un aguijón a la economía. Pero al menos algo bueno será lo que despertemos de adentro en este retiro impuesto por esos guerreros microscópicos.

Por unos días vamos a ser anacoretas en el hogar. Vamos a mirar las calles vacías y a ver cómo los árboles siguen el tránsito de siempre amando el silencio, y sobre todo, vamos a hundirnos en el más hondo pozo de nosotros mismos, donde todavía somos algo a pesar de que la corteza de afuera nos ha ido hundiendo ese ser tan íntimo cada vez más adentro. Pobre del que se olvide de sí y se quede en un sofá mirado el tubo fosforescente. Se meterá la droga de una realidad que se consume a sí misma en vena. Se hartará de ver políticos diciendo lo mismo, dando consejos médicos a la población hasta llegar al empacho, como si la epidemiología se hubiese convertido en ciencia infusa con el cargo. Verá la distopía de una serie de Neflix en la realidad, como si The Walking Dead, sin zombis, saltara de la pantalla hacia la vida y plasmará en las ciudades su soledad de las calles, sus supermercados con las estanterías vacías como muestra del miedo general, una sociedad hundida que lucha por comenzar de nuevo. Dentro de este mal hay que aprovechar estos días para mirarse, y recomponerse, y pensar en cómo volver a las aguas turbulentas.

Herirse en una vana contemplación de la soledad de afuera, o meditar con la soledad de adentro, es el dilema. Yo aprovecharé esta soledad de afuera para realizar esa parada del reloj vital que tantas veces dije, y nunca pude hacer. Algo hermoso habrá dentro de mí que me acompañe en estas semanas oscuras. También algo, en el taller profundo, que deba arreglar para poder salir mejor afuera.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/03/2020 a las 15:03h.