05/01/2020

LA IZQUIERDA Y LA HISTORIA

Un discurso y un país. Una esperanza y una sombra. Múltiples dudas y múltiples certezas. Los diputados aplauden, silban con los ojos, se reconcomen o giran la cabeza mirando al vecino que asiente frente a la voz o niega con descaro. Detrás de la voz un país que espera, que está cansado de que la nada suceda a la expectativa, de que la osadía esté ausente en unos políticos que no saben leer lo que dice el pueblo. El pueblo dice que prime el diálogo y la búsqueda del encuentro sobre la interminable batalla ideológica, sectaria, esa ansia del enfrentamiento de los contrarios que solo satisface a los luchadores. Ellos parece que cobran entrada por el espectáculo. Los demás, que asistimos mudos al esperpento, deseamos que este país empiece a andar, y a resolver los problemas estructurales (empleo, igualdad, pensiones, organización territorial, competitividad, infraestructura, todo el orbe de la gestión), que la política de confrontación como espectáculo de masas se dulcifique a manos de la política de gestión y compromiso.

Mientras habla Sánchez, y después de encuadrar sus pactos desgrana el programa de los objetivos de gobierno, tengo la sensación de que apenas se va a hablar de los caminos del futuro. De que vamos a caer en todas las
trampas de las ideas simples. De que el problema de Cataluña va a ahogar los inmensos problemas que esperan los dedos de los arquitectos, las cifras de los ingenieros, las ofertas de los profesores, o médicos, o comerciantes, la realidad viva del país participando, de manera más lejana o cercana, en el barco que a todos nos lleva. Vivimos la situación que vivimos. La sombra de la culpa de Ciudadanos, su terrible error histórico, propio de una ceguera descomunal, es tan enorme que nos lleva de un posible mundo sereno a tener que convivir en las aguas turbulentas de un mundo de contrarios. La derecha ha sido bastante culpable de que estemos donde estamos. Por eso cuando se raja las vestiduras por los pactos con ERC, se convierte en víctima y verdugo, se queja de lo que su complejo ideológico no ha querido solucionar.

El país también tiene derecho a percibir qué es un gobierno en el que estén implicadas, de una u otra manera, todas las fuerzas de izquierda. Sean o no independentistas. Ese gobierno estuvo vetado durante la transición por razones de miedo histórico. Pero ahora es necesario saber qué hace la izquierda con España, que no es propiedad de la derecha ni de nadie. La izquierda tiene otra gran oportunidad histórica de crear otra España que muchos reclamamos. Espero que prime la sensatez y la inteligencia, la prudencia y el pragmatismo. Si se falla ahora se fallará para muchísimos años.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/08/2020 a las 00:08h.