01/12/2019

BLOCK FRIDAY

Si algo tengo claro es que no me cambiaré el iPhone el Black Friday, ni me compraré ese abrigo que ya necesita mi cuerpo. Tampoco he puesto calabazas luminosas en la puerta de casa el primero de noviembre, ni me vestí de Frankenstein o Donald Trump para asustar al vecindario, sobre todo a un vecino inglés que se parece a Boris Johnson, siempre lleva cuatro pelujos rubios en alboroto. El uno de noviembre solo me fui a dar una vuelta por donde viven mis muertos. Quise visitarlos para que no me olviden. Soy, por ello, un inadaptado social, un rebelde que se agarra a las costumbres hispanas y no desea ser colonizado por las chorradas del imperio.

Y ahora que llega la Navidad, insistiendo en mi patología, no deseo que me traiga nada Papa Noel. Ya he dicho a mis generosos amigos y familiares que no me importa esperar a los Reyes Magos para que me den ese montón de regalos que espero. Aunque, debo confesarlo, una vez me vestí de papá Noel. No fue en Navidad, sino en carnavales, y con ese gesto quería decir al mundo que ahí es donde tiene que estar ese gordo que huele a reno, ese tipo que, poco a poco, ha asesinado a nuestros Reyes Magos.

Pero volviendo al Black Friday, sepan que no voy a cometer la pedantería de decirles porqué se llama Viernes Negro, algo que es obvio nada tiene que ver con el hecho de comprar mucho, salvo que considere uno como humor negro perecer aplastado en unos grandes almacenes queriendo comprar una olla, o unos anteojos que nunca vas a usar y que aparcarás en el cuarto oscuro de los utensilios inútiles. La verdad es que te das una vuelta por ahí, y raro es el comercio que no pone un horroroso cartel hecho a mano en el escaparate. Algunos, incluso, creyendo que forma parte de Halloween, por lo de negro, lo diseñan tétrico, con sangre chorreando por la cuartilla y los colmillos de Drácula a modo de simbología de la fiesta. No sé qué pensará la gente que acude a esa llamada pueda encontrar en la tienda, mantelería o una ferretería, de macabro.

Si de lo que se trata es de que la gente compre, se llene de necesidades innecesarias, pues no necesitamos que nos importen costumbres que nos suenan a chino. No sé, instituir el Día del Comercio por ejemplo no estaría mal, o relanzar a los Reyes Magos en todas las efemérides en las que se da un regalo. Hay que luchar por lo nuestro. Con la rica cultura que tenemos no sé cómo hemos aceptado con tanta facilidad ser hijos del imperio de la hamburguesa y los perritos calientes.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 15/12/2019 a las 09:12h.