14/09/2019

LAS DOS ESPAÑAS


Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, con una de las dos Españas tocarás el cielo, y con la otra no dejarás de sentir un dolor. Hay una España que se abraza, y otra que se empuja buscando lejanía. Una España que madruga para conseguir un objetivo común, y otra cuyo único objetivo es no tener un objetivo común. Una aprieta los músculos cuando escucha el himno, siente orgullo de ser, y otra le tira piedras desde dentro y desde fuera, manipulando sus notas para hundirlas en la miseria de la historia. Hay una España que lleva los colores en el alma y en el cuerpo, que lucha por ellos y por ellos se siente unida, y otra que los quema, los escupe o los ensucia para tirarlos a la basura. Hay una España que siente la voz de ahora como única voz, porque supera los gritos del pasado, y otra que se pierde en los susurros oscuros del pasado, anquilosada en un gramófono que solo sabe hacer sonar canciones desgastadas.

Hay una España que madruga pidiéndole al día que sea bueno para todos, y otra España que se acuesta pidiéndole a la noche que se apodere del día. Una España que consigue el aplauso del mundo y otra que busca que el mundo la destroce. Una España que sale afuera llevando una maleta de sueños, un catálogo de lo bueno, una forja grabada en el tiempo con la eficacia de un pueblo, y otra que lleva un álbum de sombras y guerras, y forja el tumulto de la disparidad mostrando como emblema la discordia. Hay una España diversa, que abre los brazos a las diferencias geográficas, étnicas, culturales, de una península de difícil tránsito, llena de macizos montañosos que crean espacios muy diferenciados, y otra que usa esa diversidad para hundir el futuro en trozos de nada, taifas del desencuentro, heridas del tiempo.

Hay una España que siente la antigüedad en una tradición común en palabras de geógrafos o historiadores como Estrabón o Pompeyo Trogo; que siente la identidad colectiva conformada en la reconquista, o la tradición humanista de los siglos XV y XVI, y la inmensa hasta ahora del "ser de España", con un enorme catálogo de pensadores (Quevedo, Unamuno, Ortega, Machado, Pla, Gaciel, Marías…), y otra que solo siente el alma de lo pequeño, el ser del terruño, la estrechez del pensamiento.

Hay una España que conquista el mundo otra vez, ahora sin armas ni biblias, sino con el esfuerzo, el talento y el compromiso colectivo. Esa es la España en la que creo. La pena es que solo la veo en el deporte. Es la España de Nadal, la selección de fútbol, baloncesto, balonmano, Alonso, Contador, Indurain, Delgado, Bahamontes, los Gasol, Busquet, Zarra, Ballesteros, Iniesta, Dujjshebaev, Oirzabal, Gemma Mengual, Edurne Pasaban, Juan Carlos Navarro, Pujol, Marc Márquez, Arantxa Sánchez Vicario, Aragonés, Joan Llaneras…y un largo etcétera que llenaría esta página.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 21/11/2019 a las 01:11h.