07/09/2019

UN MUNDO INMENSO


Miro hacia dentro e intento rastrear en esa caverna insondable que alberga la memoria. Veranos oscuros y veranos de luz. Veranos sin apenas recuerdos y veranos llenos de noches frescas con el amor sobre la yerba, de verbenas y besos, de paseos por un pueblo perdido en la montaña o debajo de palmeras que, como custodios silenciosos, guardaban la primera huella del mar. Veranos tristes porque la vida nunca descansa en su tarea de despertar, cuando menos te lo esperas, el dolor. Y veranos hermosos. La música de la alegría. Sonrisas que envuelven los días de una esperanza en la vida que no desea volverse amarga. Miro veranos viejos. Miro el mundo de ayer. Perdido en los sótanos de lo que ha pasado miro la realidad de ahora con su modernidad, sus inventos, su desarrollo vertiginoso de la comunicación, un mundo que existe igual que ayer existía. Primero dentro de la vidriera de nuestra mirada. El mundo existe para cada uno de nosotros porque lo percibimos. Desde nuestro cerebro y el resto de nuestros sentidos abrimos la fuente del conocimiento. Segundo sintiendo algo que diferencia, de una forma espectacular, el mundo de hoy del mundo de ayer.

Y es que el mundo se ha convertido en algo inmenso. Ayer era más pequeño. Nuestro grupo de amigos, nuestro pueblo, los pueblos cercanos, la gran ciudad, el campo, los lugares que creábamos a través de las lecturas o el cine, siempre lejanos, como si no fuesen de aquí sino de una fábula que nos cuentan desde nadie sabe dónde. La televisión, los luminosos, las redes…Han metido la inmensidad del mundo en nuestra cabeza. Han aplastado lo minúsculo, el trozo de vida en el que vamos avanzando, y conocemos de él todo porque es natural la sintonía entre nuestra mirada (percepción) y su realidad. Dice Kapuscinski que la información se ha convertido en un bombardeo continuo, mostrándonos un mundo tan inmenso que ya no podemos sentirlo como nuestra casa. Es un escenario en el que, siguiendo a Shakespeare, se representa una obra escrita por un idiota.

El gran Pla era partidario de los límites cortos, de la verdad de lo local, la belleza de lo que está al lado. "Uno descubre el mundo de lo concreto", dice Pla en "Humor honesto y vago", "en el momento en que se plantea para uno mismo la fugacidad de todo". Ahora, mientras este verano se va, recuerdo ese mundo inmenso atacándome mientras comía, me echaba la siesta, me bañaba, paseaba...El dolor de la pobreza, la estupidez de los políticos, el sainete nacional, los separatistas soberbios, los populistas baratos, esas guerras…Este mundo inmenso nos hace muy pequeños, mientras que aquel de los veranos que recuerdo nos hacía muy grandes. Mi corazón era tan grande que el mundo cabía en él. Parecía que, mirando al cielo, podía uno coger un trozo de azul y echárselo al bolsillo.

(Fotografía: Zuheros, (Córdoba). El País, El viajero).

Impreso desde www.manueljulia.com el día 15/09/2019 a las 10:09h.