22/02/2019

EL ÚLTIMO SEGUNDO

LAS CUATRO ESQUINAS

MAGIA, MURO, EMOCIÓN, ENIGMA

EL ÚLTIMO SEGUNDO

No se produjo. Qué pena. El balón llegó desde otro continente. Después de tocar las tripas del aro salió hacia la nada. Qué pena. Habría sido uno de esos momentos en que la épica estalla, y uno cree en los milagros. Llull saltó con rabia en su campo, con esa que llegando al vestuario mezcló con el lamento para gritar que no se pueden tirar 16 puntos de ventaja. Los árbitros llenaron sus ojos de serrín. Clavaron al Madrid en la angustia. Claro que hubo antes una falta antideportiva, pero esa no se pudo volver a ver en el VAR, y el ostentoso rebote sí, para desdoro de los árbitros. Pero si esa última canasta de Llull, que cruzó un mundo, que cruzó un océano, hubiera entrado, ahora no se hablaría de VAR sino de un final prodigioso. Faltó la centésima parte de un milímetro. Qué pena.


EL DÚO INFRANQUEABLE

Oblak y Godín, dos fuerzas en la noche, dos empalizadas que soportan los vientos y las tormentas, las invasiones y las heridas. Una coraza infranqueable sobre la yerba. Que se lo pregunten a Cristiano. Esa voracidad apagada en el Metropolitano mientras su semblante de guerrero se iba apagando, estrellado contra ese doble muro de la fuerza. Las manos de Oblak son de acero o diamante. Godín es un miliciano que siempre aparece cuando van a fusilar a los colegas, devorando la ocasión, arrancando con fuerza el fusil del enemigo. La gran noche del Atlético estalló al fin devorando las dudas. Si no llega a haber VAR se llevan cuatro roscos, le dije a un amigo atlético que desde el campo me envió una fotografía llorando de gozo. Así hay que llorar en la vida, amigo, de felicidad.


EL VAR Y LAS EMOCIONES

A pesar de los errores el balance del VAR es positivo. Lo dijo Oblak cuando le preguntó un periodista. Más allá de la propia percepción en el campo, sujeta a múltiples factores, la máquina muestra lo que es. Es una manifestación obvia de la verdad, que será más o menos evidente, pero posible de apercibir desde la objetividad. Por mucho que moleste al imperio de las emociones desbocadas, Diego Costa fue derribado fuera del área y Morata empujó a Chiellini. La verdad es la que es, la diga Agamenón o su porquero. El VAR no se equivoca. Se pueden equivocar los ojos que lo miran. Es obvio por tanto que se debe mejorar su uso, para aumentar el espectáculo. Pero el VAR es ante todo un reflejo de la justicia, y eso es lo más emocionante que existe en un mundo tan injusto como es el nuestro.


ENIGMA BALE

Me gustaría entender a Bale, pero como no soy Alan Turing no puedo. Me gustaría saber si hay diferencia entre ese Bale que se ve por fuera, y el que es por dentro. Por fuera es un témpano de hielo, como decía mi madre de un vecino que trabajaba en Hacienda. No solo es que su rostro sea impenetrable, es que su juego se está volviendo oscuro, inexistente, como una columna de nada. Pocas veces he visto tanta abundancia derrochada por un carácter sin garra. Ese porte, esa velocidad, esa facilidad para el remate, todos esos valores se perderán, como lágrimas bajo la lluvia, si sigue con ese desapego hacia no sé desde no sé donde. Y no puede decir que está harto de éxito, porque, aunque bien puede mostrar el colectivo, el individual es un Guadiana que no termina de encontrar su cauce.


Twitter: @ManuelMjulia

Impreso desde www.manueljulia.com el día 19/03/2019 a las 18:03h.