09/02/2019

LA INMORTAL ESPAÑA

Los columnistas disparan en cascada a la primera liebre que asoma. En este caso ha sido a eso que llaman el relator, algo tan confuso que sus propios descubridores se han encargado de hundirlo en la extrañeza. Sánchez, ahogado en sus escasos diputados, ha tenido que sorber la cicuta de una cadena de errores que comienzan con su subida al poder de la mano de los separatistas. La más rabiosa lógica de la política ha enfrentado su egoísmo con la realidad. Se debe dialogar con los separatistas, por supuesto, pero no reo de sus votos, con la lengua fuera en su regazo, pidiendo migajas, viendo la guillotina presta para cortar el cuello dela Constitución. Sánchez se ha dado cuenta, y esperemos que sea para convocar las elecciones prometidas, de que un magma de sombras y fuego bulle bajo del suelo de su casa, y que un ciclón avanza hacia las débiles empalizadas soportadas por una izquierda experta en la greña propia, y unos separatistas ávidos de subir un peldaño más en su locura disgregadora. Adónde puede ir con esos acompañantes.

La fiesta salió como tenía que salir, mal. Sánchez ha quedado como tenía que quedar, como un aventurero ávido de poder comido por sus aliados, y por su propio ejército, y por la lógica palmaria de las matemáticas. Si hubiera convocado elecciones, entonces, cuando dijo, otro gallo cantaría. Pero ahora Sánchez es un peón más en este extraño ajedrez que es nuestro país. En esta tierra que para nada es fácil. Yo soy español, y deseo una realidad patriótica, pero no me siento identificado con esa idea monolítica, absolutista, superficial de España que tiene el PP, y mucho menos Vox. Me queda la duda de cuál es la que tiene Ciudadanos.

No me siento en ese ajetreo de banderas, en esa exaltación de un pasado imperial, de un conglomerado de reyes ineptos que llevaron a esta tierra a un inacabable sufrimiento. Me parece absurda esa idealización del pasado. No puedo olvidar que los enfrentamientos en nuestra historia han sido y son recurrentes. Creo que las tensiones de estos últimos años son un eslabón más de una larga cadena, de la que forman parte las rebeliones de 1640 en Portugal, Cataluña y Andalucía, o la formación y auge de partidos nacionalistas desde finales del siglo XIX, o las guerras civiles en las que no se dirimieron sólo cuestiones dinásticas sino también serias discrepancias relativas a la organización territorial, como la Guerra de Sucesión de 1700-1714 o las carlistas del siglo XIX, y así y así hasta llegar a la terrible guerra civil que ganó una España condenando al infierno a otra. A las calles sale una España, pero hay otra que sigue otro río de la historia, que es tan España como la que grita, aunque está tan callada que su silencio parece una derrota.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 20/08/2019 a las 04:08h.