21/12/2018

FELIZ NAVIDAD

LAS CUATRO ESQUINAS

NAVIDAD, CÁNCER, CAMPEONES, CORRER

FELIZ NAVIDAD

Cuando llegaba la Navidad, y mi pueblo se hundía en la niebla, esperábamos el partido del Barça el uno de enero. Lo ponían por la mañana si la memoria no me traiciona que ya suele hacerlo. También ponían el campeonato de esquí. Luminosos vapores de fin de año vencido se bañaban en fútbol espectáculo. En las calles embarradas jugábamos con un frío vencido. Le dábamos al balón por la mañana, por la tarde y por la noche. En esa identidad ensoñadora de la infancia yo era Amancio. Intentaba su listeza y regates pero aguerridos defensas, llenos de Cola-Cao, me llevaban al suelo. Mi padre me había regalado su camiseta del Madrid y creo que estuve varios meses sin quitármela. Hasta que mi madre, engañándome, la llevó a lavar para quitarle el barro, y desapareció para siempre. Feliz Navidad.


EL PARTIDO DE ROBINSON

Vivir para morir, morir para ya no estar, y la vida es una luz de adentro que alumbra la memoria. Cuando la vida es atacada por la muerte la vida se rebela y quiere cumplir su designio de alumbrar la oscuridad del destino. La vida se agarra con manos de hierro a columnas de oxígeno. Michael Robinson se agarra a la vida como un jugador a la perseverancia de ganar el partido, de no darlo por perdido, de ponerlo todo en el campo. Dice Michael que en este partido juega Messi a su lado. El doctor Emiliano Calvo, el padre de la inmunoterapia que está salvando vidas con cáncer, es Messi. Vivir para morir, todos, pero siempre luchar por el último aliento. Como en esos partidos de fútbol que gana el que más persiste, el que no se abandona. Ánimo Michael, tus seguidores te necesitamos.


CAMPEONES

Toda la infancia, o juventud o madurez, debería ver esa película. El ministro Guirao dice incluso que la proyecten en los colegios. No sé si él tiene el mando, pero me gustaría que esa observación no se quedase en nada, y hubiésemos de decir que todo son palabras, palabras, palabras... La profundidad humana y la fuerza de lo que se llama minusvalía síquica, envuelta en el juego y el arte del deporte, rezuma humanidad por el filme. Hasta el punto de que al final se va uno admirando sobre los "normales" a aquellos que la sociedad ha devaluado, en estúpida sentencia. Qué sentimientos, capacidad de lucha, superación, solidaridad, belleza en ese partido final que tiene un vencedor más allá del resultado. Esa película tan genial y solidaria se merece el Óscar. Véanla si no la han visto todavía.


LA LIBERTAD DE CORRER

Salir al amanecer, o cuando la tarde se esconde por el horizonte creando una acuarela inmensa. Salir cuando el frescor de la sierra llena los madroños, o las encinas, del vaho del rocío. Correr libre por el campo con los pulmones llenos de paz. Eso hacía Laura. Una mujer más que gozaba de ese deporte que poco a poco levanta las endorfinas dormidas. Y mientras corres, con una felicidad que se alimenta con tu esfuerzo, sientes esa belleza honda de la naturaleza. Ese poder no puede romperlo un asesino. No debe haber miedo porque los monstruos, o los diablos (Bernardo Montoya tenía una camiseta con la palabra Lucifer grabada), no pueden ganar esa batalla a las mujeres. A toda luz, individual, en grupo, como sea, hay que seguir corriendo. Hay que dejarlos atrás. Hay que echarlos de la senda.


Twitter: @ManuelMjulia

Impreso desde www.manueljulia.com el día 24/06/2019 a las 21:06h.