01/12/2018

ESTÁN AHÍ FUERA

El horrendo taxista no dejaba de martillearme los oídos. Vestía un mono áspero, como si se hubiese deshilachado siglos en un garaje. Tenía una voz de pito. Cuando peroraba, razonar era algo que se presumía aún no había conocido, gesticulaba con las dos manos, como un mal actor en un escenario. Soltaba el volante mientras su voz chillona se expandía por el taxi devorando cualquier indicio de sana tranquilidad. Rey en su volante el mundo lo veía solo desde allí, como pasa a otros muchos colectivos que creen que solo existe su realidad. Olía a gasoil. Despedía volutas de gas mientras rajaba sin pudor. No entendía que se restringiera el tráfico en el centro de la ciudad. Le dije que la causa es simple, que con los combustibles fósiles nos estamos cargando el aire, como sostienen más del 90% de los expertos. Mentira. Él amaba el tufo del carburador. El CO2 se le había metido ya en la sangre. Me decía que cuando respiraba aire limpio se ponía malo.

La ciudad, en la noche, enseñaba su belleza desde la personalidad de la penumbra. Refulgía con las fachadas luminosas bajo el cielo oscuro. El taxista clamaba como un profeta contra el apocalipsis de los progres. Creía que todo, la obsesión por el medio ambiente, con esos ecologistas paliza, la protección de las minorías (ah, sobre todo gais y musulmanes), el imperio de la sociedad laica, eran plagas producidas por contubernios progres que solo deseaban erradicar cualquier tradición de las de toda la vida. Pero como puede usted pensar así le dije, creía que habían erradicado a los reaccionarios. Esos quienes son, preguntó. Aquellos cuya misión es oponerse al cambio, le respondí. Se calló y claro salió el tema de Franco. No fue un dictador me espetó (como en el cambio climático había que oponerse a los expertos, en este caso historiadores). Hay cosas que solo usted piensa dije. No solo yo clamó con orgullo, somos muchos.

Usted votará VOX claro no le veo muy de Carmena le comenté como si hablara en serio. Uag, hablarle de Carmena al energúmeno fue mentarle cualquiera de los nombres de Lucifer. Tuve miedo de que con los aspavientos se le fuera el coche. Pero después se calmó y me dijo que VOX sería la gran sorpresa en las próximas elecciones, y nada de un diputado, un cuerpo de guardia como mínimo. Vamos a ser el quinto partido me dijo. O la quinta columna le respondí, aquella que destroza por dentro. Sí, bufó en la sombra, hay que destrozar a esta democracia hipócrita. Y mientras graznaba pensé en que ya son muchos los que quieren destruirla. De aquí y de allá. No me gusta hablar de trincheras, pero veo una en la que están todos los que se quieren cargar lo que hay (indepes, radicales de izquierda...) con ánimo destructivo solo, pensando que desde el caos emergerá su sociedad absurda e imposible.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 11/12/2018 a las 23:12h.