17/02/2018

EN EL CORAZÓN DE LA NOCHE

Camino por Madrid en la noche, por el corazón de las tinieblas de nuestra Historia, y el tintineo de los semáforos se refleja en las aceras mojadas. Por la gran avenida cientos de personas van en manada después de salir del estadio y ver a su equipo ganar. En el campo estallaron con una bruma de voces, y ahora, el silencio reina derrotado por el rugido de los automóviles. La noche vuelve a Madrid más bello todavía. Pero el cielo oscuro y las calles del centro me recuerdan a algunos de los cuadros más conocidos de Goya. También pienso que me devuelven a la Universidad y su poesía, que soy hijo de los 70 y los 80, aquella época en la que estalló la libertad como dinamita almacenada en un granero.

Descubrimos entonces que habíamos vivido llenos de telarañas medievales y que estábamos rodeados por costumbres absurdas. Después de la muerte de aquella época gris, y con el miedo de ser nosotros mismos, sembramos luz en la tierra oscura de un país que se había desangrado en innumerables guerras civiles. Aquí se tardó mucho en descubrir la más mínima solidaridad (cuando el Imperio, como decía Quevedo, no solo no se ponía el sol en las posesiones, tampoco en las mesas), y siempre un mundo farragoso de guerras y sombras encima, siempre apresados por monarquías falaces y dirigentes incultos que llevaban esto una y otra vez a la bancarrota.

Pensaba cerca de la Gran Vía en lo que dijo Bismark, que España es el país más fuerte del mundo pues los españoles llevamos siglos intentando destruirlo y no lo hemos conseguido. Me acercaba a la Cibeles y recordaba ese poema de Gil de Biedma en el que escribe que de todas las historias de la Historia la más triste es la de España, porque siempre termina mal.

Pero en mi memoria, el centro de Madrid florecía con los mejores años, cuando por fin se derrotó la historia de la divergencia persistente, y todo el país decidió romper la voz de las tinieblas para que emergiera la luz del conocimiento. Sin embargo hoy se puede repetir lo que escribía Hemingway: "pobres españoles, sus dirigentes siempre les traicionan". Y abundando en esto explicaba Ortega que España es un país reacio al magisterio de los mejores. Y también Bismark se sorprendía de que con una clase política tan inepta todavía existiera España.

Sí, soy hijo de aquella época en la que era posible entenderse pensaba mientras miraba a la Cibeles rodeada de japoneses que la fotografiaban. Estaba bellísima y me recordaba una noche de versos ebrios juveniles en el frío del invierno. Qué grande aquella época. Qué triste esta, llena de políticos herederos de esa España del garrote de Goya. Egoísmo, electoralismo, cainismo. Decía el filósofo Juan Marías que lo que más le inquietaba es que en España todos se preguntan: ¿qué va a pasar?, y casi nadie se pregunta: ¿qué vamos a hacer? La frase está demasiado vigente. La multitud que había salido del estadio ya estaba dispersa. Los mendigos dormían en las aceras envueltos en mantas destrozadas.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 18/06/2018 a las 21:06h.