El Diario de Facebook

19/08/2021 - 00:00 h.

VIEJO VERANO DE SOMBRA

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Luz de agosto en la ventana

Aquel verano, bajo la sombra de una morera, sentí el frescor de tus labios como el vaho de la fuente, que al fondo del jardín, creaba una cortina húmeda contra el sol de la siesta. El poco viento que había refrescó la saliva del beso incipiente y sentí que una luz de hielo penetraba hasta mi pecho, convertía mi sangre en bruma fresca, mi corazón en un suspiro de nieve que dormía entre naranjos.

Aquel día aprendí a besar. Me enseñaron unos labios expertos en incendiar la noche, en recorrer la piel del cuerpo desnudo que gozaba la brisa de tu aliento. Labios carnosos de Andalucía devoraron el silencio adolescente de mi soledad y mi herida sin camino. Labios maduros con sensualidad de estío despertaron mi piel para sentir el gozo más bello.

Aquel día de un verano profundo y lejano abriste la puerta de mi corazón al maravilloso mundo de los besos interminables, de los besos que aspiran la vida, de los besos que van más allá del sexo, hasta la piel escondida del alma que Dios modela. Y muchas décadas después, en una primavera de farolas amarillas, de candelas y vino enamorado, mientras un beso furtivo, ágil, misterioso, se entregaba a mis labios, y sentía que el amor no era suficiente para describirlo, te agradecí el magisterio de tus labios, que me hubieras descubierto el amor sereno creciendo adentro lento como la más bella flor.

Aquel verano de amor prohibido entre la musa madura y el adolescente, me enseño la belleza del amor oscuro. Aquel beso bajo la morera que preludió el desnudo de tus pechos y tus muslos, fue el magisterio del amor real, el que la naturaleza, como dice Lorca, clava en la angustia del pecho para volverla una voz del paraíso.