24/03/2018

UN LARGO INVIERNO

La primavera ha venido este año surcando borrascas y tormentas, sobre un cielo gris que forja la estampa de uno de los inviernos más largos que recuerdo. Aunque en realidad, el invierno, como metáfora oscura y fría de nuestro sistema, ya lleva varios años envolviéndonos con sus hielos y sus ventiscas. Creo que este largo invierno comenzó en 2008, cuando el mismísimo Max Weber habría llorado de impotencia al ver como el capitalismo global destrozaba la mucha o poca luz del capitalismo productivo. Los gestores del sistema, conservadores y socialdemócratas, se griparon frente a una desbandada del dinero hacia los beneficios infinitos, hacia la especulación como esencia, hacia la brutalidad del imperio de la riqueza como ídolo de un tiempo sin alma. Los primeros, abdicando de las propias enseñanzas de Weber, olvidando que la avaricia necesita regularse y que la abundancia tiene que distribuirse, dejaron que todo estallara en una huida hacia adelante en la que el punto de llegada era llevar las sociedades a muchos años atrás. Y por supuesto debilitando avances sociales que había costado mucho conseguir.

Los segundos hicieron huelga son sus deberes sociales. Defraudaron a sus electores de las clases populares con un pacto con ese capitalismo especulativo, olvidando el viejo persistente apoyo al productivo, y cayeron en la red del más y más sin término, defraudando así a sus bases, y perdiendo, en consecuencia, el papel de portavoces institucionales de sus anhelos. El veneno de la obsesión por el dinero sin fin terminó por conseguir que no solo estallara la economía, y luego tuviéramos entre todos que rescatarla (o sea con deuda e impuestos), sino también que los liderazgos sociales se modificaran, que la sociedad entrara en cierto shock por el duro golpe, y que comenzaran a emerger liderazgos sociales más allá de los partidos, la mayoría de ellos con la bandera del populismo. Por esa razón en Europa algunos de los partidos clásicos ya no existen, y se vive una dinámica de populismo peligrosa. Esto es triste, porque nos condenan a elegir entre lo caduco y lo vano, entre el barro y la nada.

Y a pesar de que el PIB sube, el largo invierno todavía no ha acabado. La destrucción de principios, algunos históricos, aún dura. La decepción social persiste. Muchos políticos no quieren entender que ya no tienen credibilidad ante la sociedad, y que solo se mantienen porque no hay una alternativa clara. Podemos es un ejemplo de esa no alternativa. Muy eficaces en las soflamas y la pólvora mediática pero no en ofrecer soluciones reales. El caso de las pensiones es muy aleccionador. Al lado de las protestas debe ir la verdad, las medidas necesarias para que sean viables, aunque sean impopulares. Pero a eso nadie se apunta.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 22/04/2018 a las 16:04h.