03/02/2018

EL FIN DEL PRINCIPIO

Y cuando acabe lo de Cataluña qué será de mi vida qué será. Cómo se llenarán los periódicos y qué tumultos tendrán las televisiones en programas que duran horas y horas perdiéndose en el aire catódico de la nada. Ya no podremos decir que estamos cansados, frente a la tele, de ese procés agriándonos las croquetas y devorándonos las células grises con más de lo mismo después de haber quedado hartos de más de lo mismo una vez que ya nos hemos hartado de más de lo mismo.

Como narices esconderemos los problemas que de verdad importan, sobre todo la evidencia de que nadie cae en la cuenta de que hay que renovar las cosas, no sé, la Constitución, las instituciones, los viejos partidos, los viejos edificios, los vertederos que todavía apestan en algunos pueblos. Ya no nos será posible enfrentarnos a la injusta realidad de que la desigualdad es el verdadero cáncer social, porque se ha impuesto la selva de la globalización y la obsesión monetaria en nuestra vida, y cada vez más el mundo se divide, como decía don Quijote, entre el tener y el no tener.

Como ya no estará Puigdemont en la rambla de noticieros y periódicos, si eso es posible, y ya no tendremos que amontonarnos para defender esa Europa caduca que decía, pues emergerá la realidad de que todo fue un sueño que comenzó en Maastricht. Y que después de pasar el Rubicón de la economía especulativa, todo se quedó en un tratado de mercaderes a los que nadie echa del templo, un tumultuoso mercado de fondos buitre que impone el orden mundial, como se ve incluso en el mismísimo fútbol, en el que los jeques avanzando con faltriqueras llenas de billones ponen el precio y la posibilidad de las cosas.

Los 200 españoles más ricos tienen casi 250.000 millones de euros. Y lo malo no es eso, sino que en la deriva injusta de la curva tienen más este año de lo que tenían el pasado, y el pasado más que anterior, y así hasta llegar a ese dichoso momento en el que en nuestro país no se hacía real la utopía pero sí avanzaba un poco en cada ejercicio hacia la Justicia.

Hay tantas cosas detrás de este procés luminoso, obsesivo, carpetovetónico, que cuando se acabe todas ellas nos estallarán enfrente de los ojos. Nos daremos cuenta de que nadie se había tomado la molestia de aceptar que porque se escondan los problemas debajo de la alfombra no se difuminan. Esa España vacía de la que habla Sergio del Molino. Qué se hace. Ese estable Ejército sin batalla que vive en la frontera del hambre, o en su propio cuenco de desdicha, qué hacer, ahí está aunque nuestros ojos estén apresados en una historia que de tan repetida ya está comenzando a ser macabra. Cuando se acabe lo de Cataluña la realidad nos estallará en las manos. Bueno ya nos está estallando pero nos tienen embobados en el circo y no nos damos cuenta de que las fieras nos rodean fuera de la jaula.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 21/02/2018 a las 16:02h.