28/10/2017

EL MANOTAZO OSCURO DEL DESTINO

El silencio es el ruido de una antorcha que se consume, el viento por los balcones moviendo las banderas, la sed de la desesperanza y el principio de la derrota, sobre todo cuando los que están enfrente no dejan de gritar y sus palabras lo someten todo. Anoté este pensamiento en la libreta vieja sentado en un bar de la calle Córcega de Barcelona. Estaba esperando a que llegasen las 11 de la mañana. Había quedado con Pablo Zaragoza, el jefe de prensa de Sociedad Civil Catalana, para ir a su sede. Hasta que llegara la hora miraba la calle, me fijaba en los rostros, pretendía escudriñar en ellos para ver el efecto que el proceso separatista les había creado.

Y como la conversación es el mejor sistema para conocer a un país como el nuestro, según dice Ortega, me dediqué a preguntar a unos y otros qué sentían sobre este momento que todo el mundo llama histórico. Los comerciantes, en general, tenían una ira guardada y percibían un camino futuro de muerte del consumo. El dueño de una tienda de ropa, que a esa hora aún no había atendido a ningún cliente, lamentó que se largaran las grandes empresas, y que el separatismo buscara todo tipo de absurdas razones para presentarlo como bueno. La mentira no tiene límite.

Quieren volvernos payeses me dijo un chaval, delgado como un pincel, dependiente en una boutique de moda. Todos a sembrar tomates insistió, esta gente se ha tomado en serio lo de la Arcadia feliz y se van a cargar la industria y lo van a festejar sonrientes y ufanos en la Cataluña profunda. Todos bucólicos pastores cantando Els Segadors.

Todo tiene causa en este imperio de la discordia que vivimos, me dijo el dependiente de una pastelería. Pronto veremos los resultados de esta política de guerra contra España me decía el conserje de un hotel en el que se había reducido la ocupación en un 40 por ciento. Estos mesías nos van a echar al paro me decía un fontanero que en los últimos días le habían descendido los pedidos a casi la mitad.

Ese mensaje, lleno de miedo, de percepción de una desgracia personal, me llegó por múltiples cauces. Incluso, me lo dijeron personas que habían votado sí en el referéndum ilegal. Mientras subía en el ascensor, para entrevistarme con la gente de Sociedad Civil Catalana pensé en Cataluña, y en España, y en estos días angustiosos, y tuve la certeza de que la llegada al poder de un tipo como Carles Puigdemont, perdido en su locura y su obsesión, era una verdadera desgracia, el manotazo oscuro del destino.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 18/11/2017 a las 16:11h.