19/05/2017

A DOS PASOS DE LA CUMBRE

LAS CUATRO ESQUINAS

A DOS PASOS DE LA CUMBRE

El bar Juani tiene un plasma enorme en el que se pueden ver los partidos como si estuvieses en el campo. Huele a gambas, calamares y ajo frito. Si apareciera por allí Victoria Beckham le daría un patatús. En ese bar nos juntamos los que aún recordamos el fútbol de la infancia y soñamos por la noche que jugamos en un grande. Gritamos como si el árbitro o los jugadores nos oyeran. Discutimos entre nosotros pero jamás asoma un gramo de violencia y todo se termina con un brindis. Los barcelonistas el otro día apenas sí movieron los labios, estaban deseando el mal, pero al mal lo devoró la aurora.
El Madrid, aunque nervioso, dictó su poder desde el primer momento. Lo único que generó algún gesto de disgusto fue que Cristiano Ronaldo no consiguiera otro hat-trick. Lo tuvo en el pie. Cada uno alabó a su manera. Benzema engrandece a sus compañeros. Isco enamora con su turbo. Kroos y su tiralíneas. Casemiro y su guadaña. Keylor ha recuperado la gracia. Ramos nunca tiene las pistolas sin balas. A Zidane le llaman El Elegido. Gritos de alegría sonaron en la noche. El Celta fue un digno rival.


MÍCHEL Y SU MEMORIA

Míchel se adentra en su memoria y siente que si algo le enseñaron en el Madrid es a ganar. El hambre de ganar. El silencio en la meditación y la furia suelta persiguiendo siempre la victoria. En el corazón de Míchel libran dura batalla su espíritu y su cabeza. Tendrá que ahogar cualquier impulso de desgana, porque como madridista debe ganar hasta al Madrid. Ha convertido a un Málaga anémico y desesperanzado en un equipo victorioso. Pero enfrente hay un sólido grupo que cree en sí mismo, y sabe que solo le falta un peldaño para ascender al primer cielo.
Isco vuelve a su cuna y le devora el hambre de victoria. Tendrá que amansar sus recuerdos pidiendo perdón. No hay otra salida que la gloria para no caer en el pozo de la tristeza, e ir amargo a Cardiff. La Liga era un sueño esquivo que ahora puede volverse realidad frente al mar, que es la gloria más inmensa de la naturaleza. Como Hamlet, Míchel duda entre ser o no ser, pero sabe que tendrá que hacer sufrir a su pasado, que tendrá que luchar en contra de su alma, pero a favor de lo más grande que tenemos, el respeto de los demás.


ADIÓS CON EL CORAZÓN

Cuando el público respondió con una ovación el giro de James, despidiéndose triste, ya nunca más volvería salvo como enemigo, estoy seguro que a todas las mentes regresó otro jugador que era distinto al que se tocaba el corazón y besaba la camiseta. ¿Dónde está aquel jugador de la primera temporada?, me dijo mi vecino mientras James se conformaba, quizá, con la parte del sueño que nadie podrá quitarle. Después de aquel principio se amansó su furor. Se pausó su rapidez. Se atemperó su clase. Se quedó en sombra quieta esa hambre por defender que le metió Ancelotti dentro de sus neuronas casi adolescentes.
Su amplia genialidad se diluyó quizás en la noche de la nada que a todos nos busca. En los últimos tiempos una percepción del antiguo James aparecía en algunos partidos, porque es imposible olvidar la clase, pero ya le habían adelantado en la jerarquía Ferraris como Isco, Alonso, Lucas Vázquez o Casemiro. Se va un James y nos deja otro en la memoria. Estoy seguro de que lo que el público del Bernabéu aplaudía era a un recuerdo.


EL ORGULLO DE ALONSO

Confía en tu trasero, le dice Mario Andretti, campeón de fórmula 1 y de la Indy 500, a Fernando Alonso. Porque el rugido del motor llenando el aire del vacío, la sensación de que te evaporas mientras el paisaje corre en dirección contraria a doble velocidad, es la misma en una carrera que en otra. Cierto que las pautas y las costumbres son distintas, desconocidas para Alonso, pero su orgullo pisado es otra fuerza interior que ha de sumarse a la fuerza de su motor. Por eso ya está entre los primeros aunque aún le quede aprendizaje. Pero lo más hermoso es que recuerde su instinto de vida y victoria apelmazado los últimos años por varios coches malos. Es como si a un depredador le sierras los colmillos y lo mandas a la selva a ser un don nadie.
Arriba las luces de su mente. Bienvenido el campeón al reto entre su poder, su eficacia y su mecánica poderosa. Otra vez el atrevimiento genial. Las salidas portentosas. La última frenada en la curva que se echa encima. Alonso no va para correr solo las 500 millas de Indianápolis. Va porque quiere estar a 5.000 millas de una realidad que su orgullo de campeón no podía seguir aceptando.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 18/11/2017 a las 16:11h.