El Diario de Facebook

19/01/2014

A JOSÉ MARÍA ARCOS, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

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Me conociste por mis versos hermano,
así que supiste quién era,
como yo supe quien había dentro
de tu hermosa voz llena de melodía y sombra
y luces de palabras
que conseguían encender nuestra alma
y llenar de pasión el corazón entregado.

En cualquier lugar recitaste mi vida,
pusiste voz a mi alma sin palabras,
con tus gestos de actor que vivía su tragedia,
o su comedia de versos templados,
también hiciste reír a los que miraban.

Un día, en San Sebastián, levantaste los brazos,
acunaste los versos, urdiste
la representación majestuosa del corazón
y la gente en sus butacas lloraba
siguiendo tu dicción más hermosa que las flores,
más inmensa que el universo luminoso
entregando su luz quizá con envidia.

Otro día en un aula perdida en Ciudad Real
aspiraste hondo, miraste al auditorio oscuro
y decidiste entregarnos el recital sublime
de un poema que en tus labios vivía
como el latir de una nube en el cielo.

Tu vida era sentir las palabras hermano
y yo te di todas las que pude encontrar
en la alberca de una historia cotidiana,
te di ríos de amor y océanos
de versos que temblaban en tus labios
encontrando su verdadera tristeza, o alegría,
cuando los decías retorciéndote
de sentimiento misterioso.

Ya no volverás, compañero del alma,
compañero, a recitar lo que mi voz 
oscura encuentra en las calles solitarias,
y en las plazas tumultuosas de la vida.
No volverás a decirme prudente amigo
lo que quiero expresar y en tu voz es cierto,
lo que quiero decir y con tus manos
parece que respira otro aire de lejos
dibujando sueños en el escenario.

Ya no recitarás más versos hermano,
pero los versos que recitaste son en la memoria
palabras de un libro que no sabe morir,
son luciérnagas en día oscuro
que aspira el frescor de la ausencia.

Ya no volveré a verte en las mañanas
de cualquier día encadenado
de una monotonía que odiábamos,
pero el recuerdo de tu sincera pasión
será la historia futura de tu ausencia.

Volverás a recitar el sueño de la muerte
compañero del alma compañero,
y te veré en la noche de mis desvelos
erguido en el escenario, mirando al cielo,
gesticulando con el viento,
retorciéndote de frío bajo las sombras,
llenándonos de emoción
con días de ayer 
palabras que ya no pueden morir
porque en tus labios suenan 
con la voz perdida de la eternidad.

Querido hermano, no hay extensión 
más grande que mi herida,
ni que el vacío que me deja tu misterio,
no hay corazón que pueda comprender
el manotazo duro del destino,
pero quiero hablar contigo ahora
cuando ya no tienes labios
y sentir que los versos que dijiste
del volcán y la flor y los cuarenta latidos
son la esperanza que llueve
sobre la soledad que nos entregas.