Críticas

15/07/2013

EL SUEÑO DE LA MUERTE

José Gutiérrez LLama (Revista En Sentido Figurado-Mexico)

EL SUEÑO DE LA MUERTE

Por: José Gutiérrez-Llama

 

No hay lugar en la Tierra donde la muerte no pueda encontrarnos, por mucho que volvamos constantemente la cabeza en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra extraña y sospechosa. (…) Si hubiese alguna manera de resguardarse de los golpes de la muerte, no soy yo aquel que no lo haría. (…) Pero es una locura pensar que se pueda conseguir eso. (…)

 

–Michel de Montaigne1

 

Siempre que se alude a la muerte, de inmediato arriba a mi mente la evocación de Kierkegaard cuando establece que precisamente es la muerte el único evento al que llegamos sin que medie referencia. Es decir, entre «se muere» (incluso personalizado «se me muere») y «me muero», existe una distancia insalvable que no es posible acortar ni un ápice porque, después de todo, «morir la muerte significa vivir la propia muerte» (Tratado de la Desesperación). Desde luego viene Freud y con él, la «pulsión de muerte» como tendencia inmanente de todo ser vivo a restablecer un estado previo (Más allá del principio del placer), y también, por supuesto, la idea de que fue la conciencia de la muerte (a través de la muerte del otro) lo que dio pie al magnífico ejercicio de supervivencia que ha realizado nuestra especie y, por qué no decirlo, a plantear como posible destino un sinnúmero de esquemas post-mortem. Ahora que, cuando la alusión aparece en un texto literario,   no tengo otro remedio sino pensar en alguna excursión tipo dantesco. No obstante, si la cita conjunta sueño y muerte (situación poco frecuente), la mente toma un camino diferente y de manera indefectible retrae, más que cuestiones existenciales, psíquicas, darwinianas o metafísicas, asuntos de tipo mitológico, donde Hipno (sueño, sopor) y Tánatos (muerte sin violencia) aparecen como gemelos e hijos de la diosa Nix (noche). No entraré a esculcar tan deliciosa y sugerente simbología por dos simples razones. La primera, porque me parece suficientemente clara como para provocar y tentar con vigor la imaginación en cada uno y, segunda, porque no es lo que empuja este texto. En realidad el móvil es dar fe (no reseñar, analizar, calificar, ni mucho menos desmenuzar) del poemario, El sueño de la muerte, de Manuel Juliá. Para ello —si me lo permiten—, conjugaré sentimiento y razón muy brevemente y sin secuencia, a través algunos pasajes del poemario con fragmentos de un viejo texto de Fernando Savater, La muerte antropomorfa. Ojalá el resultado resulte tan disfrutable como la experiencia que ha dejado. 

 

«Morir es algo incurablemente plebeyo o, al menos democrático, la más común de las necesidades. La muerte corrige nuestra afortunada pero transitoria anomalía y nos devuelve a la vulgaridad donde todos los gatos son pardos y no hay nada o, mejor, falta de todo. La vida es algo demasiado exquisito para durar demasiado.2»

 

Los pozos, los bares, los eucaliptus, las fábricas muertas

se reflejan en el agua que cojo entre mis manos

de rodillas sobre el barro, y que he de beber

para saciar la soledad,

 

el silencio de los poemas suena

al menos hasta la hora de morir

y se aleja de mí con las últimas lluvias

olvidando todos los días que quedan por venir

para vivir en un escenario inocente de mi ausencia,

o en una historia que no sabe finalizar

cuando ya no queda gente,3  

 

«…la muerte conserva un mismo tono salvaje y amenazante, poderoso, un brío feroz que debe ser conjurado y encauzado como se pueda. La ominosa presencia de la muerte y su irrupción constante en la vida de cada comunidad y cada persona necesitan laboriosos procesos de domesticación.»

 

duele en las manos rotas y el mar aún no ha llegado,

suda sombras la lluvia y el iluso equipaje del olvido

se siente extraño en el silencio,

siento que los puentes de niebla son ojos que se abren

para ver cómo me alejo por los árboles negros

bajo una niebla de hollín, por un camino

que huele a hielo dormido en los anuncios,4

 

«Lo que no cabe ante la muerte es la neutralidad, el que sea vista como un fenómeno meramente “natural”… ¡aunque resulte lo más natural de todo para nosotros, que somos “de naturaleza mortal”, a diferencia de los dioses que no mueren, y de los animales que ignoran que van a morir!»

 

Me miran los jilgueros desde la torre

y no sé si camina mi cuerpo o no es mi cuerpo

quien se acerca a un jardín lleno de palabras perdidas,

y si es mi cuerpo quiero alejarlo de mí y de los pájaros

para sentirlo en un tiempo sin destino,

y si no es mi cuerpo quiero quedarme parado,

con los músculos muertos, con el corazón sin futuro

en cualquiera de las palabras que duermen en los árboles

o en los sonidos que las alas libres de los pájaros

producen sin movimiento,5

 

«(…)la necesidad de controlar la muerte viene precisamente de que se la tiene por una manifestación pura de la naturaleza y que, como tal, debe ser sometida a pautas civilizatorias, de igual modo que los rigores del clima o las intemperancias de la animalidad (…) Por eso la muerte no fue abandonada a sí misma y a su desmesura, sino, por el contrario, aprisionada en unas ceremonias, transformada en espectáculo.»

 

no voy a soltar tu mano,

el final no es el final y las campanas no suenan,

no las oigas cada vez que golpean los cristales

ni sientas que recorren las paredes

como ciegas arañas,

siente solo el olor a caramelo de mis labios

que vence el sopor de la sangre seca

y te devuelve a una noche de la vida

que nunca terminará de morir.6

 

«La muerte es una conspiración, una trampa diabólica, un agravio incompatible con nuestra jugosa conciencia de nosotros mismos. “¿Morir? ¿Quién, yo? ¡Yo no estoy hecho para la muerte ni por la muerte! ¡Si muero ha de ser por mal de ojo o por cualquier otro atropello!»

 

Todo lo que he podido amar

lo he lanzado a un río cuya agua viaja

por las arterias del silencio, por unos pinos viejos

que ya no pueden defenderse de una niebla que los cruza,7

 

«Entrar en el mundo y salir de él son las dos únicas cosas que ocurren a todos los miembros de una comunidad; por tanto, constituyen los percances individuales que exigen mayor compromiso colectivo. Y sin embargo, tampoco entre ellos la simetría acaba de ser perfecta: pueden instrumentarse modos de prevenir la natalidad, pero no de prevenir la mortalidad. Es decir, que cabe disminuir el número de hijos pero el de muertos siempre será el mismo: todos.»

 

y ya no hay viento, el día

se queda sin poderse mover, preguntándose

porque nadie sabe la hora de irse de la vida

o de salir al aire después de morir un rato

con el latido de tus cabellos en mis manos

o el silencio de tu corazón en mi silencio,

hace mucho que no nos sentamos

con las manos enlazadas para siempre

en un banco que tengo escondido

en la maleza de un jardín construido

con el viento de las arañas,8

 

«La forma de cada individuo humano —sobre todo en el esplendor ideal de su sazón— parece prometer que ya es al fin lo que debe ser y seguir siendo precisamente así; las modificaciones que a esa forma impone el transcurso del tiempo, por inquietantes que resulten, pertenecen al género de la metamorfosis, dentro del cual lo mismo permanece como lo mismo a través del paso por lo otro. Pero la muerte no nos transforma, sino que definitivamente nos deforma, nos roba toda forma posible; no nos cambia nada, sino que nos cambia a nada. No es un peregrinaje, sino la aniquilación.»

 

y recojo recuerdos

que ya no pueden ser imposibles

porque se disuelven como el agua de la lluvia

en los tejados sin luz, escucho al aire

salir victorioso del carmín de tus labios,

secas mi muerte con tus cabellos blancos y finos

sobre una mañana oscura que tiembla fatigada,

me abrazas debajo de las luces largas de agosto

y siento que todo se aleja,

que la llanura levanta su mano

para decirnos adiós o para dejarnos callados

dentro de la soledad de un recuerdo,

atrapados en él para siempre.9

 

«¡Salvemos la forma humana de la muerte! Tal es el contenido de todo himno y propósito funerario desde la más remota antigüedad. Para ello, a lo largo de los siglos, las diversas sociedades han derrochado imaginación para convertir el acontecimiento devastador en un viaje a otro mundo, una partida de caza, el tránsito de crisálida a mariposa, un sacrificio voluntario en beneficio de la comunidad o de nuestros hijos, un sueño reparador, el regreso a la madre tierra, la semilla que se planta para dar nuevos frutos, el debido tributo del individuo a la especie, el castigo de Dios por la desobediencia de nuestros primeros padres, el acceso al tribunal donde nuestra vida toda será juzgada, un supremo testimonio de amor, etcétera.»

 

porque siento que las palabras han perdido su nombre,

que los ojos miran la lámpara y no encuentran respuestas

porque no saben que las respuestas existen

en la respiración de los vasos destrozados,

siento que nadie puede decirme el día o la estación

que tiembla bajo la lluvia de las montañas lejanas,

por eso guardo hojas secas en los bolsillos de mi sombra,10

 

«¿Los rostros de la muerte? Pero la muerte no tiene rostro… su única facies es la desaparición de cada una de las caras, el final de las apariencias físicas o psicológicas. En verdad, por debajo de las supersticiones, todos sabemos que la muerte no promete ni amenaza sino resuelve. Disuelve. Se niega a contestar, repudiando todo coloquio. Las palabras sobran y el resto es silencio. Por eso es inhumana la muerte, porque hasta el epitafio tenemos que ponerlo nosotros.»

 

y si quiero sentirte a mi lado

he de cerrar los ojos e imaginar que regresas, algo sucio,

en cualquiera de las viejas noches

en las que me escondía en tus brazos

para no sentir el hielo clavado en el pecho

de las profundidades del vacío,

tenía una paz callada que se volvía sangre

durante toda la noche, y al amanecer

no sabía la diferencia entre vivir o morir11

 

«¡Ah, si la muerte hablase a su modo un poco, si profiriera algo mínimamente inteligible, si diese señales de vida!»

 

abro mi corazón y está lleno de palabras

que invento todavía, huele a fuego y pasado,

a ponche que se ha quedado en los labios

atrapado por un beso.12

 

 

Y la evocación final de Pessoa: «Somos muerte. Esto, que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. Los muertos nacen, no mueren. Están trocados, para nosotros, los mundos. Cuando creemos que vivimos estamos muertos; vamos a morir cuando estemos moribundos.

 

Esa relación que hay entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte.13»

 

 

Referencias.

1.- Michel de Montaigne. The Essays of Michel de Montaigne, trad. y editado por M. A. Screech, Allen Lane, Londres, 1991. p. 95

2.- Fernando Savater. La muerte antropomorfa. Claves. De razón práctica No. 100. Marzo, 2000.

3.- Manuel Juliá. El sueño de la muerte. Ediciones Hiperión, 2013. El petróleo del silencio (fragmento)

4.- Ibid. Manos rotas (fragmento)

5.- Ibid. Pájaros (fragmento)

6.- Ibid. Caramelos (fragmento)

7.- Ibid. Viaje (fragmento)

8.- Ibid. Ya no hay viento (fragmento)

9.- Ibid. Soledad (fragmento)

10.- Ibid. Escondrijo (fragmento)

11.- Ibid. Dormir o despertar (fragmento)

12.- Ibid. Canción perpetua (fragmento)

13.- Fernando Pessoa. El libro del desasosiego, 297. Seix Barrai, 1997.

 

Imagen:

Portada de “El sueño de la muert

Últimas publicaciones

EL SUEÑO DE LA VIDA

EL SUEÑO DE LA VIDA

PERSISTENCIA. En cualquier rincón de cualquier lugar del tiempola oscuridad busca mi nombre,y tiene un juego de recuerdos que busca mi nombre,los días se pierden por los pasillos renacidos como olaso poemas subidos al lomo de los pájaros,las adelfas y ...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 878-84-9002-055-5

EL SUEÑO DEL AMOR

EL SUEÑO DEL AMOR

V. Cuando me abrazas todo es sereno en mi cabeza doliday la angustia se cae de la almohadaal recipiente donde hierve la luz de la ropa sucia,. cuando me abrazas se pierden los voraces pensamientosy siento que estoy tan dentro de ti amor que te consumo...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 789-84-9002-035-7

EL SUEÑO DE LA MUERTE

EL SUEÑO DE LA MUERTE

FINAL. Si me pides el corazón, te lo daré entero. Si me pides los recuerdos los escribiré y los pondré encima de una bandeja con su silencio cortado, para entregártelos y que luego puedas hacer con ellos los que quieras, imaginarlos dentro de ti por ...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 978-84-9002-011-1

DIOSES DE FUEGO Y AIRE

DIOSES DE FUEGO Y AIRE

Dioses de fuego y aire es un libro para los que aman el fútbol, y también para los que aman la literatura. Un libro para gozar de historias, sensaciones, pasiones y nostalgias que, transformadas en palabras, nos demuestran el enorme valor social del f...

[Editorial Eneida]
ISBN: 978-84--15458-23-4

Si desea recibir información de esta página: