Artículos

EL FEMINISMO DE LA PASTORA MARCELA

18/07/2017

Imprimir artículo

EN LOS FINES DE ALCUDIA CON DON QUIJOTE Y SANCHO (2)

Entre mi imaginación, mis lecturas y el alma literaria escribo esta historia intentando, sobre todo, que el lector descubra una percepción desconocida vagando por el laberinto interminable del Quijote. Como dice Juan Goytisolo, hay que adentrarse en él como en un fascinante y circular laberinto. Y para ir por este laberinto, lleno de bosques, ríos, vaguadas, sombras, montañas y fuentes, me proveo de brújulas amigas que conocen el valle como si fuera el Paseo de San Gregorio de Puertollano, en donde viven. Con ellos voy hacia la Fuente del Alcornoque. Conduce Eduardo Egido, afamado cicerone de Alcudia. Vienen también Luisa Gallardo, rubia ecologista de armas tomar, y Enrique López Buil, pasional poeta que llueve su tristeza y silencio entre Málaga y Puertollano. Queremos leer en la fuente algunos de los textos que escribe Cervantes. Luisa, sobre todo, el discurso de la pastora Marcela. Le parece que es uno de los primeros y más bellos textos del feminismo español.

En la venta nos espera Felipe Ferreiro, con quien ayer conversé y admiré que esté dedicando toda su vida a defender, contra fieros gigantes terratenientes, la herencia literaria de Cervantes, tan rica en estos campos. Hacia allí vamos felices. Cuando cruzamos las minas muertas de Puertollano, y veo sus castilletes en la llanura, me imagino que si hoy don Quijote los viera, erguidos como sombras de hierro bajo el cielo, contra ellos embestiría después de nombrar a cada uno con las señas de un guerrero. Sonrío al imaginarlo.

Enseguida estamos en el camino de la Venta. Dejamos atrás la N-420, en el kilómetro 129. La senda está llena de hondonadas, piedras sueltas, rugosas pistas. Está claro que la desidia reina por estos contornos. "Quizá a alguien no le interesa que venga gente por estos lares", digo. "Claro, al Poderoso", me responde Luisa. Todos reímos y dejamos el asunto para otro momento. Llegamos enseguida a la Venta de la Inés. Felipe ya nos está esperando. Le damos un abrazo interminable. Eduardo, compañero en tantas batallas, lo saluda de manera especial. Felipe nos muestra su simpatía. A Eduardo, el gesto cómplice de quien agradece a otro que haya estado al lado en los peores momentos. La fuente está a unos 400 metros de la Venta.

Cuando caminamos hacia ella lo primero que pienso es que deberíamos haber traído un machete. El abandono ha creado en el entorno una maleza de helechos y madreselva que la van escondiendo. Desde que hace más de dos siglos se horadara Despeñaperros, para ir a Andalucía, el camino real dejó de recibir abundancia de viajeros. Antes había una senda diáfana que la unía con la Venta de la Inés. Ahora está perdida en un bosque de alcornoques y helechos. Y por si fuera poco este hundimiento en la maleza, el dueño de la finca La Cotofía ha construido una base de ladrillos ahogando el agua que salía libre por las peñas. Una tubería rota que sólo aloja telarañas y musgo es lo que queda.

En la fuente perdida sitúa Cervantes el sepelio del desdichado pastor Grisóstomo. Murió por el desdén de la pastora Marcela. La vio allí por primera vez y allí quiso ser enterrado. En el sepelio las murmuraciones sobre la bellísima pastora eran hirientes. "Fiero basilisco de estas montañas" la llaman. Le recuerdan la sangre que su crueldad ha vertido. Le echan en cara que su arrogancia pisa un cadáver todavía caliente. La palabra ingratitud va de boca en boca y seguro que algunos viajeros que transitaban el camino real, como lo era Vivaldo, quien iba con don Quijote, se habrían detenido ante el murmullo público del funeral.

Cuando llegamos a la fuente el poeta Buil coge su Quijote. Tiene las hojas sueltas y enmarañadas, llenas de subrayados. Lo abre y nos lee la Canción de Grisóstomo. Yo cierro los ojos. Quiero escuchar las palabras y el silencio del bosque sonando en la caverna de mi pecho.

-Haré que el mesmo infierno comunique/ al triste pecho mío un son doliente/ -el poeta Buil tiene el libro en su mano derecha y mueve la izquierda de manera orquestal-. Mata un desdén, atierra la paciencia,/ o verdadera o falsa, una sospecha; matan los celos con rigor más fuerte...

Los quejigos y los alcornoques, desvelados de su siesta perenne, parecen doblarse y envolvernos, como si acercaran sus hojas al libro para leer con Buil.

-Entre tantos tormentos, nunca alcanza/ mi vista a ver en sombra la esperanza.

En el silencio ausente que ofrece la huella del río Tablillas se oyen los últimos versos de Grisóstomo.

-Canción desesperada, no te quejes/ cuando mi triste compañía dejes;/ antes, pues que la causa do naciste/ con mi desdicha aumenta su ventura,/ aun en la sepultura no estés triste.

Entonces dice Cervantes que por encima de la peña en donde se cavaba la sepultura apareció la maravillosa visión de la pastora Marcela. Miro la vaguada del río. Imagino que no están los árboles selváticos. Y entonces la veo aparecer. Luisa abre el Quijote que trae y lee:

-Hízome el cielo hermosa (...) mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama (...). El verdadero amor ha de ser voluntario y no forzoso.

Una fronda de helechos abriga las raíces de los alcornoques. El río Tablillas muere al lado, como Grisóstomo. Escuchamos emocionados la lectura del discurso que hace Luisa. Su dulce voz se une al suave viento que tiene en su alma el día de primavera. En la pequeña vaguada suena como si saliera por alguna caverna que hay escondida en las rocas.

-Yo no escogí la hermosura. El cielo me la dio. Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata por habérsela dado la naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa.

De sus ojos azules nace un brillo que después se convierte en lágrimas desordenadas. Su voz parece un eco azul de las montañas.

-Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.

Imagino a don Quijote observando enternecido. Sentiría la libertad en sus sueños y en los ojos de la pastora Marcela. Miro al bosque, al río, al cielo. Comprendo el gozo que la soledad de estos campos convierte en diálogo profundo. Cervantes paseó por aquí. Algún día subió desde la Venta a beber la fina agua que ofrecía la fuente. Y mientras se llenaba los labios con el frescor de la sierra, su imaginación acariciaba el río, creaba una historia de libertad y dolor, de amor y silencio.

UVE
UN VERANO EXTRA
EL MUNDO
MARTES 18 DE JULIO DE 2017

MAÑANA LOS AMORES DE ROCINANTE

Últimas publicaciones

EL SUEÑO DE LA VIDA

EL SUEÑO DE LA VIDA

PERSISTENCIA. En cualquier rincón de cualquier lugar del tiempola oscuridad busca mi nombre,y tiene un juego de recuerdos que busca mi nombre,los días se pierden por los pasillos renacidos como olaso poemas subidos al lomo de los pájaros,las adelfas y ...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 878-84-9002-055-5

EL SUEÑO DEL AMOR

EL SUEÑO DEL AMOR

V. Cuando me abrazas todo es sereno en mi cabeza doliday la angustia se cae de la almohadaal recipiente donde hierve la luz de la ropa sucia,. cuando me abrazas se pierden los voraces pensamientosy siento que estoy tan dentro de ti amor que te consumo...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 789-84-9002-035-7

EL SUEÑO DE LA MUERTE

EL SUEÑO DE LA MUERTE

FINAL. Si me pides el corazón, te lo daré entero. Si me pides los recuerdos los escribiré y los pondré encima de una bandeja con su silencio cortado, para entregártelos y que luego puedas hacer con ellos los que quieras, imaginarlos dentro de ti por ...

[Ediciones Hiperión, S.L.]
ISBN: 978-84-9002-011-1

DIOSES DE FUEGO Y AIRE

DIOSES DE FUEGO Y AIRE

Dioses de fuego y aire es un libro para los que aman el fútbol, y también para los que aman la literatura. Un libro para gozar de historias, sensaciones, pasiones y nostalgias que, transformadas en palabras, nos demuestran el enorme valor social del f...

[Editorial Eneida]
ISBN: 978-84--15458-23-4

Si desea recibir información de esta página: