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Las cuatro esquinas (13/01/17)

13/01/2017

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EN HONOR DE LOS ÁRBITROS

Los llaman de cualquier manera menos por su nombre. Están en el centro de un volcán ardiendo. Vayan donde vayan algunos no los quieren. Digan lo que digan no serán escuchados. Piten lo que piten una parte nunca estará de acuerdo, otra lo estará aunque se equivoquen y muchos soltarán su ristra de insultos para manifestar la diversidad de opiniones. Hay gente que está esperando ansiosa su fallo para comérselos a malas palabras. Antes de que comience el partido mientras los jugadores calientan las piernas algunos ya calientan la lengua. Tienen que juzgar en menos de un segundo actos que nosotros vemos a cámara lenta y muchas veces no coincidimos.

Encima han de enfrentarse a jugadores formados en técnicas interpretativas del Método Stanislavsky. Caídas, golpes, lesiones, empujones con mucho arte. Errar es de humanos es un dicho que va con todos menos con ellos. En su profesión, como en el resto claro, habrá algún sinvergüenza, pero en general son gente honorable que trabajan en unas condiciones difíciles y lo hacen lo mejor que pueden. Se merecen un respeto porque son personas, porque son imprescindibles para el fútbol, y porque sin algún error puntual el futbol perdería su gracia.

EL REY DE LOS CHARCOS

Cuando éramos niños y salíamos a la calle (entonces muchas de tierra) las madres nos decían ¡cuidado niño no te metas en un charco! Lógico pues eran ellas las que habrían de padecer el imperio del barro en la ropa. Salíamos a la calle y en esos días de lluvia del invierno todo se llenaba de charcos. Al final recordábamos lo de las madres, pero tarde o temprano gotas de barro saltaban del suelo y aterrizaban en la camisa blanca. A nosotros al menos se nos podía mirar, pero siempre había alguno que se metía en cuantos charcos hubiera. Saltaba sobre el agua, posaba las rodillas, hacia ballet, caía de culo y entonces remaba o realizaba faenas de capitán marino.

Eran peritos en enlodazarse y cantaban alegres encima del charco, como si hubiesen llegado a la tierra prometida. Los había expertos en charquear pero juro que jamás vi ninguno con tanto arte como Piqué. Sólo se pueden entender sus pifias como accesos de infantilismo o porque en realidad disfruta, como Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, chapoteando y saltando y bailando y siendo el protagonista del espectáculo.


EL RUIDO Y EL FÚTBOL

Me gusta el sonido del balón sobre la yerba cuando está mojada. Al chocar con él grumos de vapor se crea un ligero chas. Suena bello cuando hay algún silencio. También me gusta el sonido del bote, ¡gup!, así como ahogado y seco. Y por supuesto el que la bota produce al golpear. Se oye muy bien en el campo si te sitúas cerca. Cloc, cloc, cloc y el balón como silbando un silencio. También me gusta escuchar los comentarios de los jugadores. O el sonido del golpe en el poste, como angustioso, desesperanzador. ¡Top! y un suave crujido de la madera si esta cascada o poco sujeta.

Me gusta el sonido de los locutores de radio aunque a veces se vayan por peteneras. Envuelven el fútbol en vida y esa vida suena como sus gritos de gol irrumpiendo en la paz de la tarde. Me gusta el murmullo previo, las voces de los vendedores, los anuncios en la pantalla gigante. Me gusta el estallido del gol en un campo inmenso. Ahora bien, esos otros ruidos, mediáticos, siempre de cariz político o nacionalista, que se producen, me chirrían. Me protestan las orejas porque son extraños. Qué error, qué inmenso error el de los jugadores del Barça armando un ruido tan confuso.


PURA VIDA

Escribí un día en Marca, con cierta pena, que me daba la sensación de que por muy bien que lo hiciera keylor Navas no sería portero titular del Madrid. Había tenido unas actuaciones geniales entonces. Sin embargo De Gea ya buscaba piso en Madrid y se veía venir otro duelo en el que el costarricense saldría perdedor. No me parecía bien el asunto. Como muchísimos pensaba que keylor se merecía la oportunidad de poder demostrar su valía para titular del Madrid. Nadie dudaba de que fuese un gran portero, pero había que aclarar eso. Y se encargó el destino de darle la oportunidad a modo de fax fallido. Al final con la oportunidad ha llegado la confianza, y aunque el Madrid siempre debe buscar a los mejores, no creo que nadie dude del gran papel de keylor como titular. El otro día recogía, acompañado del presidente Florentino Pérez, el premio de la Agencia Efe como futbolista sudamericano del año. Me alegro muchísimo y me parece de justica que también se premie la sencillez y la humildad. Digo como él suele gritar: ¡Pura vida!


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